Ya había visto el lado implacable de este hombre, y también había escuchado innumerables leyendas sobre 'Alejandro Silva'. ¿Cuál de todas era la verdadera? ¿O acaso todas lo eran?
Valeria respiró hondo en secreto y fingió mantener la compostura.
Levantó la cabeza.
—Si el señor Silva ya me había reconocido, ¿qué necesidad había de burlarse de mí?
Alejandro tomó el celular con naturalidad y lo guardó en el bolsillo interior de su saco.
—Pensé que te estaba gustando.
*Gustando mis narices*.
Antes de que Valeria pudiera pensar en qué responder, el hombre pasó por su lado y entró al reservado.
Aunque sus movimientos eran pausados, en absoluto parecía que tuviera problemas de la vista.
Era el tipo de hombre cuya astucia resultaba incalculable.
...Y también mostraba una confianza absoluta.
Eso demostraba que tenía todo su entorno bajo perfecto control.
Valeria se humedeció los labios rojizos y entró tras él.
Sabiendo que él no podía ver, se apoyó en la mesa con total descaro para admirar su rostro. Era perfecto, como una pintura; Dios seguro había usado su pincel más artístico para esculpirlo.
Alejandro desabrochó su saco y se sentó recargándose en el respaldo.
Emanaba una actitud relajada, elegante y llena de distinción.
—¿Usted quiere casarse conmigo, señorita Valeria?
La pregunta fue tan directa que, si hubiera sido cualquier otra mujer, seguramente se habría muerto de vergüenza y no habría sabido qué contestar.
Pero a Valeria le encantaba esa franqueza.
—Así es —respondió ella.
—¿Qué busca ganar con esto?
Alejandro dirigió su mirada hacia donde ella estaba, con unos ojos tan oscuros que parecían un abismo sin fondo.
—Es bien sabido que mi reputación no es la mejor.
—Si me importara la reputación, ya me habría muerto de angustia hace mucho. En cuanto a lo que busco ganar...
Valeria murmuró pensativa, dejando una pausa en el aire.
Esa forma de alargar las palabras tenía un encanto único, imposible de no sentirse atraído por ella.
—La familia Silva es poderosa, y sus padres viven en el extranjero, así que no habría conflictos familiares en el día a día. Estar casada con usted debería ser una vida mucho mejor que la que tengo con la familia Figueroa. Lo hago por una vida de lujos. Dicho de ese modo, ¿puede aceptarlo, señor Silva?

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