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Quiere Mi Corazón, Me Caso con Ciego Rico romance Capítulo 89

Valeria llamó por segunda vez a Don Carlos.

La primera vez fue para aceptar casarse con Alejandro.

La segunda vez, fue para decidir que Alejandro se casaría con ella.

Aunque en esencia significaban casi lo mismo, había una diferencia abismal entre ambas acciones.

Lo sorprendente fue que el anciano respaldó su plan sin dudarlo. Estaba más que impaciente por que ella cruzara la puerta de su casa y quedara embarazada de la familia Silva.

Valeria aún no había planeado llegar tan lejos, pero sabía que todo buen trato requiere ofrecer algo que la otra parte no pueda rechazar.

Así que, cuando Don Carlos le puso sobre la mesa algunas condiciones, apenas lo dudó antes de aceptar.

—No te preocupes, lo prometido es deuda y no te defraudaré.

La voz del anciano era cálida y amable.

—Cuando todo esté hecho, te daré el cinco por ciento de las acciones del Grupo Silva, ¿qué te parece?

El cinco por ciento del Grupo Silva representaba una fortuna inalcanzable para cualquier persona normal.

Tras considerarlo un instante, Valeria preguntó:

—Don Carlos, ¿podría darme eso en efectivo?

El anciano se quedó perplejo un segundo, pero luego soltó una carcajada.

—¡Claro que sí, como tú digas!

Al terminar la llamada, Valeria le envió dos mensajes de WhatsApp a Sabrina, quien respondió de inmediato con el emoji del pulgar arriba.

Lo que seguía ahora... era ver si el hombre mordía el anzuelo.

Respiró profundo, recargó la cabeza en el respaldo de la silla y cerró los ojos para concentrarse.

Había caído la noche.

El cielo oscuro parecía un gigantesco telón sin luna, adornado solo por estrellas solitarias. La ciudad, rodeada de luces de neón, se sentía aplastada, emitiendo una sensación de opresión bajo la niebla.

Valeria llegó en su auto al Club Primus.

Era la tercera vez que visitaba el lugar en solo tres días. Con un toque de ironía, pensó que a lo mejor debería comprarse un antro para entretenerse también.

Estacionó y entró.

Sabrina estaba sentada en su lugar de siempre. Al verla a lo lejos, alzó la mano para llamarla.

—¡Por aquí!

Valeria se acercó y dejó su bolso en la barra.

—Vaya que te luciste.

Sabrina la miró de arriba abajo.

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