Ella soltó un «ajá» indiferente, sin creerse ni una palabra de lo que él decía.
No creía que él fuera capaz de desentenderse de Adriana.
Además, conociendo cómo era esa mujer, si él no iba, ella no se rendiría tan fácilmente.
Cuando sonó la tercera llamada, él apagó el celular.
Elena se sorprendió un poco.
Era la primera vez que no le contestaba a Adriana.
—Si no estás ocupada esta noche, busquemos una película. Antes siempre me pedías que estuviera contigo y yo nunca tenía tiempo. Ya que hoy los dos estamos libres, veamos algo juntos para relajarnos.
Elena asintió con un simple murmullo.
Diego encendió la televisión y empezó a buscar una buena película.
El celular de Elena vibró; era un mensaje de Adriana:
[Elena, ¿por qué siempre estás detrás de mi hombre? ¿No tienes vergüenza?]
Elena no respondió y también apagó su teléfono.
Diego encontró una película romántica y sonrió:
—Esta fue la película que vimos en nuestra primera cita.
Elena le echó un vistazo y le pareció una ironía.
Recordaba que, al terminar de verla, Diego le había prometido que él jamás le pondría los cuernos como el protagonista.
Pero, en realidad, había resultado mucho peor que el protagonista de la película.
A mitad de la película, sonó el teléfono de la casa.
Al contestar, la cara de Diego cambió y le dijo a Elena:
—Elena, surgió un problema en la empresa. Tengo que salir un rato, mañana en la noche seguimos viéndola.
Tras decir eso, se puso la chamarra y se fue.
Elena no le dio importancia y siguió viendo la película.
Estaba a punto de preguntarle a Isabel qué había pasado.
De pronto, recibió una llamada de Lucía.
—Sí que tienes agallas, Elena —dijo Lucía con frialdad—. ¿De verdad te atreviste a jugársela a mi hermano? Pero claro, seguro no sabías que mi esposo tiene muchos contactos en los medios. Ya me encargué de desaparecer todas esas pruebas que podían perjudicarlo.
Elena se clavó las uñas en las palmas.
No esperaba que Lucía se enterara tan rápido.
Al ver que no respondía, Lucía soltó una risa burlona:
—Veámonos, tenemos que hablar.
Ambas se vieron en una cafetería.
Lucía tenía una junta matutina más tarde, así que no pensaba perder mucho tiempo con Elena. Con un tono de superioridad, le dijo:
—No pensé que fueras a enterarte tan rápido de lo de mi hermano y Adriana, pero ¿de qué te sirve hacerlo público? Si mi hermano llegó al extremo de fingir un matrimonio para tenerte a su lado, eso ya dice bastante. Cualquier otro en nuestro círculo ni siquiera se habría tomado esa molestia. Así que, sinceramente, no entiendo de qué te quejas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....