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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 368

Elena asintió.

—Lo sé. Ya que decidí estar a su lado, voy a echarle todas las ganas para ser cada día mejor.

Isabel notó enseguida que Elena tenía otra luz. Hacía mucho tiempo que no la veía irradiar tanta confianza.

Desde que Elena se había separado de Diego, aparentaba haberlo superado; iba al trabajo como si nada e intentaba empezar una nueva vida.

Sin embargo, Isabel sabía perfectamente que la herida aún no había sanado.

De lo contrario, no dudaría ni se echaría para atrás cada vez que se trataba de darle una nueva oportunidad al amor.

Seguía arrastrando el peso de su relación pasada, convencida de que no era suficiente para Alejandro.

Pero, a los ojos de Isabel, Elena era brillante y hermosa; cualquier hombre le quedaba chico.

Si ahora, que apenas comenzaba a destacar en la investigación, ya traía a varios tras ella, no quería ni imaginarse cuántos pretendientes tendría cuando se hiciera famosa y consiguiera el reconocimiento del gremio.

Para entonces, Alejandro se iba a morir de celos.

***

Al llegar a casa, su abuela la recibió con mala cara.

Elena ni siquiera deshizo la maleta, sino que fue directo a decirle:

—Abuela, vámonos de aquí. Hay que mudarnos.

Al escucharla, la abuela Navarro montó en cólera.

—¿De verdad piensas dejar a Diego? Me decepcionas muchísimo, muchacha.

Antes, por miedo a afectar la salud de su abuela, Elena siempre se había guardado lo que sentía.

Al recordar la hipocresía de esa familia, el rostro de Elena se endureció.

—Porque se la pasaron burlándose de mí. Legalmente, Diego y yo nunca estuvimos casados. La mujer que de verdad es su esposa ya está esperando un hijo de él.

Sacó un video donde se veía a Diego y a Adriana en plena aventura, y se lo mostró.

Al terminar de verlo, la anciana palideció. Elena tenía las medicinas a la mano, por si a su abuela le daba un ataque.

—No... no lo creo.

La impresión la sacudió por completo. Tardó en recuperar el aliento, pero aun así se resistía a aceptar la verdad.

Al ver que estaba bien, Elena soltó un suspiro de alivio y continuó:

—Abuela, Diego acompaña a Adriana todos los meses a sus consultas del embarazo. Si no me crees, podemos ir a verlos en unos días. También podemos ir al registro civil para checar mi estado civil; sigo apareciendo como soltera. Es más, ¿te acuerdas de cuando Ariadna se intoxicó en la escuela? Pues Diego tuvo que ver en eso. Para ganarse tu confianza y la de mi prima, mandó a alterar la comida de la escuela a propósito.

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