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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 807

Elena compró un boleto de avión y voló directamente a Ciudad del Norte.

Alejandro acababa de salir de la mansión con la niña cuando recibió la noticia.

Le envió un mensaje diciendo que ya tenía a Aurora y que la esperaría en su casa de Ciudad del Norte en cuanto aterrizara.

Al llegar a su apartamento, Alejandro le cambió el pañal a la bebé y le preparó un biberón.

Una vez que Aurora estuvo llena y satisfecha, se acostó en su cuna, jugando felizmente con sus piececitos.

Dos horas después, Elena cruzó la puerta de entrada.

Ni siquiera se detuvo a quitarse los zapatos, corrió directamente hacia la sala.

Solo al ver a su hija a salvo, el color regresó a su rostro.

Alejandro se acercó y la envolvió en un abrazo.

—Todo está bien. Mi madre solo quería verla. Ya le dejé muy claro que no vuelva a acercarse a Aurora.

Elena sabía perfectamente que la señora Vargas no era de las que se rendían tan fácil, pero en ese momento no quería pensar en ella; solo anhelaba abrazar a su bebé.

Fue al baño a lavarse las manos, se puso ropa cómoda y por fin tomó a Aurora en sus brazos.

Al sentir el inconfundible aroma de su madre, la pequeña le regaló una sonrisa dulce y radiante.

Cuando Bianca se enteró de lo sucedido, casi le da un infarto.

Llegó a toda prisa desde el hospital y, al ver a Aurora ilesa, dejó escapar un largo suspiro de alivio.

—Todo es culpa mía por no haber estado en casa hoy. Por eso Paloma logró salirse con la suya —se lamentó Bianca, llena de culpa.

Alejandro le sirvió un vaso con agua.

—No es tu culpa. La actitud de mi madre fue completamente irracional.

Bianca negó con la cabeza, frustrada.

—Cada familia tiene sus problemas, pero no entiendo cuándo Paloma aprenderá a usar la cabeza.

Como ya era muy tarde, Elena decidió esperar hasta el día siguiente para regresar a Ciudad del Río.

Bianca se quedó a pasar la noche para ayudar con la bebé.

A la mañana siguiente, una tormenta azotó Ciudad del Norte, impidiéndoles viajar. No tuvieron más remedio que quedarse en casa.

Alejandro tenía una reunión crucial, así que se marchó a la oficina.

Paloma estaba acostumbrada a que todos le rindieran pleitesía y le encantaba controlar a los más jóvenes; si alguien no se sometía, lo convertía en su enemigo.

Llegar a esa edad y seguir siendo tan caprichosa e incapaz de manejar sus emociones le parecía patético a Bianca.

—Mamá, la niñera está sola y no me quedo tranquila. Quédate a cuidar a Aurora, yo me encargaré de ella —la tranquilizó Elena.

A Bianca tampoco le gustaba la idea de dejar sola a la bebé, así que accedió.

—Esa mujer tiene veneno en la lengua. No te dejes pisotear —le advirtió.

—Lo sé, no te preocupes —sonrió Elena.

El lugar elegido por la señora Vargas era un restaurante de estilo clásico y exclusivo en Ciudad del Norte.

Al entrar al salón privado, Elena vio a la señora Vargas sentada. Sin molestarse en saludar, tomó asiento frente a ella.

—¿Acaso no te enseñaron a saludar a tus mayores? ¿Para qué tienes boca? —se burló la señora Vargas con desprecio.

Elena esbozó una sonrisa fría.

—No todos los mayores merecen mi respeto.

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