Sin mirar atrás ni mostrar la menor pizca de remordimiento, Alejandro salió del salón privado.
Isidora, aún en el suelo, luchaba por contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse.
¿De verdad Alejandro podía ser tan despiadado con ella?
De vuelta en su oficina, Alejandro dudó un momento antes de escribirle a Elena:
—Elena, acabo de almorzar con mi madre y con Isidora.
Elena no le respondió.
Alejandro esperó cinco minutos impacientándose; al final, se levantó y se dirigió directamente al departamento de Elena.
Justo en ese momento, Elena volvía de comer con sus compañeros cuando lo vio acercarse.
Por miedo a que los demás sospecharan algo, se apresuró a inventar una excusa:
—Tengo que presentarle un informe al director Vargas. Ya que está aquí, iré a hablar con él. Ustedes adelántense.
Emiliano y el resto no notaron nada extraño, se despidieron de ella y regresaron a sus escritorios.
Elena se acercó a Alejandro, quien claramente parecía tener algo importante que decir.
Se aclaró la garganta y, adoptando un tono estrictamente profesional, le dijo:
—Director Vargas, tengo un asunto que reportarle. ¿Podemos hablarlo en su oficina?
Alejandro asintió en silencio.
Caminaron juntos hasta su despacho.
Nerea, que también acababa de volver de su almuerzo, los vio entrar juntos y cerrar la puerta. No pudo evitar esbozar una sonrisa cómplice.
Una vez que la puerta estuvo cerrada, Elena se acomodó en el sofá y le preguntó:
—¿Qué pasó? ¿Para qué me buscabas?
Alejandro se sentó a su lado, mirándola fijamente.
—¿No revisaste tu teléfono?
Fue entonces cuando Elena sacó su móvil y vio el mensaje.
Ella formaba parte de innumerables grupos de trabajo; su celular vibraba todo el día con preguntas, archivos y problemas urgentes. Por eso, durante su hora de comida, prefería ponerlo en silencio para desconectarse y descansar la mente.
Así que, efectivamente, no había visto su aviso.
Después de leerlo, sonrió con tranquilidad.
Le besó la mejilla con infinita ternura.
—Alejandro, confío en ti porque de verdad lo hago. No me gusta compararte con Diego porque él no te llega ni a los talones... Eres un hombre excepcional. Pensé que después de lo que viví, nunca más iba a volver a perder la cabeza por amor. Pero contigo... siento que me estoy enamorando perdidamente otra vez.
Esas palabras fueron música para sus oídos.
Quería seguir escuchándola hablar así para siempre.
Pero debía mantener el enfoque y aclarar el tema pendiente.
—Mi madre sigue insistiendo en que me case con Isidora, pero obviamente me negué de forma rotunda. Y además, sospecho que lo de la pierna es puro teatro. Voy a mandar a alguien a investigarla a fondo.
Elena lo miró con curiosidad.
—¿Cómo te diste cuenta?
Alejandro recordó la rapidez con la que las expresiones de Isidora habían cambiado y la caída tan calculada que había montado. Su voz se volvió cortante:
—Porque los conozco demasiado bien a ambos.
Desde pequeño había aprendido a descifrar las tácticas de manipulación de su madre, así como la fachada de señorita dulce y frágil que Isidora usaba para ganarse a la gente.
Simplemente había preferido no desenmascararla en público en ese momento.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....