Los ojos de Elena se iluminaron al instante. Sin poder evitarlo, sacó su teléfono y empezó a tomarle fotos.
—¡Te queda increíble!
Tomó varias fotos desde distintos ángulos. Al notar que Alejandro mantenía su habitual expresión seria, como si aún no se sintiera cómodo con esa ropa, le levantó ambos pulgares.
—De verdad, te ves espectacular. Amor, eres el hombre más guapo del mundo.
Rara vez Elena lo llamaba «amor» con tanto entusiasmo en público.
Impulsado por la lluvia de halagos de su esposa, Alejandro terminó probándose otras tres opciones en tonos rosados.
Diana, que al principio estaba en estado de shock, poco a poco fue asimilando la situación.
Tenía que admitir que, dejando a un lado su personalidad gélida, el hombre parecía tallado por los dioses.
Con razón Elena está tan enamorada —pensó Diana—. Con esa cara, cualquiera le perdona lo amargado.
Elena terminó comprando tres trajes para él.
Su intención era llevarse más, pero sabiendo que las oportunidades de Alejandro para usar ropa tan llamativa eran escasas, decidió controlarse.
—¿A qué se debe esta repentina obsesión por el color rosa? —preguntó Diana, muerta de curiosidad.
Elena se dio cuenta de que aún no le había contado las noticias sobre Héctor y Amelia. Tras dudarlo un segundo, decidió ser sincera.
—Héctor y Amelia se van a casar. El código de vestimenta de la boda exige que vayamos de rosa.
Las pupilas de Diana se contrajeron, como si le hubieran clavado una estaca en el pecho.
Se quedó en silencio por unos segundos. Cuando volvió a hablar, tenía los ojos cristalizados.
—Vaya... así que de verdad se casan. Diles que les deseo lo mejor. Yo... yo creo que no podré ir a la boda.
Elena, viendo el dolor de un corazón roto reflejado en los ojos de su amiga, le dio unas palmaditas comprensivas en el hombro.
Diana parpadeó rápidamente, luchando por contener las lágrimas.
—Creo que la ropa de esta tienda no es mucho de mi estilo. Voy a dar una vuelta por ahí... Las dejo solos.
Elena asintió con suavidad, dándole el espacio que necesitaba para estar a solas con sus emociones.
Cuando Alejandro regresó tras cambiarse, notó a Elena mirando pensativa hacia la puerta.
—¿Qué pasó? —preguntó.
—No me imaginé que Diana estuviera tan enamorada de Héctor. Pensé que era un flechazo pasajero y que ya lo había superado...


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....