Sintió que la sangre se le subía a la cabeza. Giró sobre sus talones y regresó al baño a una velocidad récord para ponerse algo de ropa decente.
Cuando por fin salió, vestido con ropa deportiva, la miró con el ceño fruncido.
—¿Qué haces aquí otra vez?
Desde que lo habían enviado a trabajar a País A, Sofía se aparecía en su puerta cada dos por tres.
Lo trataba con la misma confianza con la que trataría a un hermano mayor; cualquier crisis que tuviera, corría a buscarlo.
—¡Quiero ir al concierto de Jessica! —anunció ella con el tono de quien exige un derecho divino—. Pero no alcancé a comprar las entradas. Consígueme una, por favor.
Máximo, que solo quería que se fuera rápido para poder dormir, soltó un suspiro de resignación. Tomó su teléfono y le envió un mensaje a su asistente para que hiciera el milagro.
Luego, se cruzó de brazos.
—Listo. Ahora le diré al chofer que te lleve a casa.
Pero Sofía no tenía intenciones de moverse. Esa noche, Brisa tenía un compromiso, y Sofía odiaba quedarse sola en el apartamento.
Además, sentía una conexión especial y cómoda con Máximo.
—Tienes una habitación de huéspedes enorme —insistió, haciendo un puchero—. ¿No puedo quedarme a dormir aquí? Brisa no está y me da miedo estar sola.
Máximo no estaba dispuesto a arriesgarse a que le pasara algo malo a la hermana de Alejandro bajo su vigilancia.
—Bien. Duerme en la habitación de al lado. Pero no quiero escuchar ni un solo ruido. Si me despiertas, te juro que te lanzo por la ventana.
Sofía asintió enérgicamente, abrazando la tableta contra su pecho.
—¿Me prestas esto para jugar un rato?
Máximo asintió sin darle importancia, olvidando momentáneamente que ese dispositivo contenía archivos hiperconfidenciales de la corporación.
De pronto, reaccionó y extendió la mano.
—Dámela un segundo.
Sofía se la entregó sin rechistar.
Máximo abrió todas las aplicaciones de videos y activó el «modo infantil». Luego, se la devolvió.
Sofía se quedó con la boca abierta.
¿Modo infantil?
—A dormir —ordenó él con voz firme.
Sofía tuvo ganas de gritar de frustración.
¡Apenas eran las diez de la noche!
Pero Máximo ya estaba sentado en su cama, con los ojos cerrados, comenzando su meditación nocturna.
Salió de la habitación negando con la cabeza.
Este tipo es más anticuado que mi abuelo, pensó indignada.
Una vez en la habitación de huéspedes, su teléfono vibró. Era Ezequiel. Cortó la llamada sin dudarlo.
Ezequiel insistió un par de veces más, hasta que Sofía se hartó y lo bloqueó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....