Viviana sintió que el corazón le daba un salto de alegría.
—¿Hablas en serio? ¿Vas a llevar a Ezequiel a conocer a tu madre?
Hugo asintió con firmeza.
—Y tú vas a venir con nosotros. La próxima semana que tenga un tiempo libre, iremos a firmar el acta de matrimonio. Ya es hora de que Ezequiel tenga un estatus oficial y respetable.
Que Héctor no lo invitara a su boda fue la gota que colmó el vaso. Lo hizo sentir miserable y le hizo darse cuenta de que sus décadas de lealtad hacia Bianca habían sido una pérdida de tiempo, un chiste cruel.
A su edad, ya no estaba dispuesto a seguir rogándole atención a una mujer que lo despreciaba.
A Viviana se le llenaron los ojos de lágrimas, pero esta vez, eran de puro triunfo.
Finalmente, después de tanto tiempo, sería la señora Valiente ante la ley y la sociedad.
Su hijo Ezequiel se convertiría en el único heredero legítimo de la fortuna Valiente.
Por fin su suerte había cambiado.
Había invertido casi treinta años de su juventud y belleza en ese hombre, y por fin estaba cobrando su recompensa.
Cuando Bianca se enteró de que Hugo y Viviana habían oficializado su unión en el registro civil, no movió ni un músculo de la cara. Su indiferencia fue total.
En algún momento ingenuo del pasado, llegó a pensar que Hugo tendría un atisbo de decencia y les daría a sus dos hijos lo que les correspondía por derecho.
Pero ahora estaba más que claro: Hugo solo veía por sí mismo.
Desde que sus hijos volvieron a sus vidas, lo único que recibieron de la familia Valiente fueron humillaciones, desprecio y un afán enfermizo por controlarlos. No hubo una sola muestra de afecto real ni apoyo genuino.
Sinceramente, la herencia de los Valiente ya no le importaba.
Prefería mil veces que sus hijos no recibieran un centavo a que estuvieran atados a esa familia tóxica.
Cuando discutió el tema con Elena y Héctor, descubrió que los dos lo tenían aún más claro que ella. Ninguno tenía la menor intención de reclamar o aceptar algo que viniera de los Valiente.
Con eso, Bianca sintió una paz inmensa y cerró ese capítulo de su vida para siempre.
Tras la boda civil de sus padres, Ezequiel fue reconocido oficialmente como miembro de la alta sociedad bajo el apellido Valiente.
Empoderada por su nuevo estatus, Viviana se acercó a su hijo con ínfulas de grandeza.
—Ahora eres el heredero único de los Valiente —le dijo, ajustándole el cuello de la camisa—. Esa niñita, Sofía Vargas, ya no está fuera de tu alcance. Si logras convencerla, tu padre y yo iremos personalmente a hacer el pedido de mano formal. La señora Vargas no tendrá motivos para rechazarnos.
Desde que se deshizo de la etiqueta de hijo ilegítimo, Ezequiel caminaba como si fuera el dueño del mundo. Toda la frustración acumulada por años desapareció.
—No te preocupes por nada, mamá —respondió con una sonrisa arrogante—. Te aseguro que Sofía terminará en mis brazos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....