Alejandro la miró con seriedad:
—Quisiera pedirle que revise el caso de mi novia.
Antes de jubilarse, Marina había sido una especialista de renombre en medicina reproductiva, dedicada a tratar problemas de infertilidad femenina.
Al escuchar la petición de Alejandro, ella comprendió de inmediato la situación.
—Por supuesto, cuenta con ello. Pero debo advertirte que en estas cosas no puedo prometer milagros. Si resulta que no tiene cura...
Alejandro la interrumpió, su tono sereno pero firme:
—No importa. Solo le pido esto porque no quiero verla deprimida por ese tema. Con hijos o sin hijos, ella y yo estaremos juntos para siempre.
Aunque Elena no se lo había dicho directamente, él sabía que en el fondo de su corazón albergaba la ilusión de ser madre.
Marina sonrió con ternura:
—Quién iba a decir que nos saldrías tan romántico, Alejandro.
Isidora, sentada a un lado, clavó las uñas en las palmas de sus manos.
Elena era estéril, y aun así, Alejandro la elegía a ella.
¿Por qué prefería a esa cualquiera en lugar de amarla a ella?
Al terminar la cena, Alejandro se ofreció a llevar a Marina e Iker a su casa.
Marina sonrió y declinó la oferta:
—No hace falta, Alejandro. ¿Se te olvida que yo soy de Ciudad del Río? Podemos regresar solos. Además, Iker y yo queremos dar un paseo por la plaza, así que no te molestes.
Alejandro asintió y se despidió de ellos con un gesto.
Isidora, sentada en su silla de ruedas, lo miró con ojos llorosos.
—Alejandro, sabes muy bien que yo soy la opción adecuada. ¿Cómo va a quedarse una familia como los Vargas sin herederos?
Alejandro la miró con frialdad:
—Isidora, no entiendes nada. En mi relación con Elena, tener hijos es lo de menos. Si no fuera porque a ella le hace ilusión, ni siquiera le habría pedido a Marina que la atendiera. Y sobre si ella es la adecuada o no, es algo que solo me incumbe a mí. No necesito tu opinión.
Isidora tenía los ojos enrojecidos. Al ver que él se daba la vuelta para irse, intentó aferrarse a él, pero tropezó y cayó al suelo a propósito. Lo miró con expresión frágil y vulnerable, esperando despertar su compasión.
Alejandro soltó una risa cargada de burla:
—Isidora, he visto tu expediente médico. ¿De verdad no puedes ponerte de pie?
El cuerpo de Isidora se tensó por completo; lo miró con incredulidad.
La señora Vargas le había asegurado que los registros médicos estaban alterados. ¿Cómo era posible que Alejandro lo supiera?
La voz de Alejandro fue como un cuchillo afilado clavándosele en el pecho.
—Isidora, deja de darme asco.
Él la hizo a un lado y se alejó con pasos firmes.
Hizo una pausa y luego añadió:
—Antes de retirarse, la señora Marina era una gran especialista en medicina reproductiva.
Al ver que la mirada de Elena se ensombrecía, él le tomó las manos con firmeza:
—Solo es para una revisión. Si hay un tratamiento que te ayude de forma natural, perfecto. Pero si implica que sufras demasiado, no lo haremos. Y si esto te angustia, yo mismo iré a hacerme la vasectomía, estoy dispuesto a que no tengamos hijos si eso te da paz.
Por supuesto que Elena quería formar una familia con él. Sonrió, medio en broma y medio en serio:
—¿Por qué te aceleras tanto? No soy tan frágil. Me hace muy feliz que me hayas conseguido a una doctora tan buena.
Alejandro la abrazó y le susurró con ternura:
—Elena, los hijos no son un requisito. Si las cosas no se dan, no pasa nada. Lo único que me importa es estar contigo.
Elena asintió, con el corazón lleno de amor.
—Está bien.
***
Por otro lado, Bruno le informó que Sylvia había vuelto a armar un escándalo en el negocio de su tía.
Las veces anteriores, Bruno lograba espantarla con unas cuantas amenazas.
Pero esta vez fue diferente. Sylvia llegó acompañada de un abogado y armó un alboroto exigiendo demandar a Carmen para arrebatarle la custodia de la niña.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....