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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 487

Al terminar su jornada laboral, Elena fue al local a buscar a su tía.

Carmen cortó una sandía, la puso sobre una pequeña mesa y le preguntó:

—¿Vas a cenar con nosotras?

—No, comeré en casa más tarde —respondió Elena, negando con la cabeza.

—Vas a acompañar a Alejandro, ¿verdad? —Carmen sonrió—. Pero, cambiando de tema, ¿cuándo piensas decirle a la abuela que ya firmaron el acta de matrimonio?

—Dejemos que pase un poco más de tiempo.

Anteriormente, la abuela se había mostrado bastante reacia a conocer a Alejandro.

Sin embargo, al notar que Elena no parecía tener intenciones de buscar a nadie más, su actitud se suavizó un poco, llegando a decir que, si no había de otra, al menos intentara ver cómo le iba con él.

Elena suponía que, una vez que pasara el período de promoción del nuevo medicamento, llevaría a Alejandro a conocerla; tal vez entonces la abuela terminaría aceptándolo.

En ese momento, dos clientas entraron para cancelar sus membresías. Carmen se acercó a atenderlas.

Cuando terminó y volvió a sentarse junto a su sobrina, Elena le preguntó:

—¿El negocio ha estado un poco flojo últimamente?

—Escuché a unas clientas decir que el centro de estética de enfrente trajo equipos extranjeros de última generación, y además cobran más barato que nosotras, así que todas se están yendo para allá —asintió Carmen.

—Adriana lo hace a propósito —dijo Elena, frunciendo el ceño—. ¿Qué te parece si te ayudo a contactar a los proveedores para que nosotras también pidamos equipos importados?

—Yo no abrí este lugar para hacerme millonaria —Carmen le palmeó la mano con suavidad—. Con tener un ingreso estable y tiempo para estar con Ariadna, me doy por bien servida. Además, esos aparatos cuestan una fortuna; si los cobran tan baratos, seguro están perdiendo dinero. Mi pequeño negocio no tiene por qué meterse en una guerra de precios. Por ahora solo hemos perdido algunas clientas, pero las de toda la vida siguen siendo leales. No pasa nada. Ellos no podrán mantener esas pérdidas para siempre; tarde o temprano tendrán que subir los precios, y cuando lo hagan, es muy probable que nuestras clientas regresen.

***

Tras regresar de su chequeo médico, Adriana recibió un mensaje de su asistente. El salón de belleza que había invertido justo frente al local de Carmen tenía muchísima clientela, pero desde su apertura solo generaba pérdidas.

—Señorita Adriana, ¿deberíamos subir los precios de los paquetes? —preguntaba el asistente—. Así, al menos, el salón podría cubrir sus gastos.

Capítulo 487 1

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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