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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 489

Al finalizar su proyecto con el Grupo Vargas, Elena regresó a su puesto en el laboratorio del profesor Álvarez.

Durante una reunión, Fernando se dirigió a todo el equipo:

—De ahora en adelante, nuestro objetivo principal será el desarrollo del inhibidor de PD-1. Esta es la vanguardia en tratamientos contra el cáncer. El enfoque ha cambiado; ya no se trata de atacar las células cancerígenas con químicos, sino de «quitarle el freno» al sistema inmunológico para que el propio cuerpo las destruya. Es un proyecto de altísimo nivel. El gobierno de Ciudad del Río coordinará los recursos, nuestro laboratorio pondrá la tecnología, y los Grupos Vargas, Valiente y Moreno se encargarán de la inversión. Quiero que Elena lidere esta investigación.

Natalia no pudo ocultar su frustración al ver que le entregaban un proyecto tan monumental a alguien con tan poco tiempo en el equipo.

—Profesor Álvarez, Elena lleva muy poco tiempo con nosotros. ¿No cree que es apresurado darle tanta responsabilidad? Santiago acaba de regresar de hacer su posgrado en el extranjero y siempre ha sido el mejor de nuestro grupo. ¿No sería él una opción más adecuada?

Sin embargo, el propio Santiago negó con la cabeza y la interrumpió:

—Elena logró terminar el proyecto de Vargas en un tiempo récord. Si yo hubiera estado a cargo, habría tardado el doble. Por eso, creo que ella está mucho más capacitada que yo para liderar el proyecto del inhibidor de PD-1.

Fernando miró a Natalia con severidad.

—Las habilidades de Elena destacan por encima de todos en este laboratorio. Si le confío este proyecto, es porque lo he evaluado detenidamente. Natalia, te pido que comentarios como ese no vuelvan a repetirse.

Natalia se tragó su enojo. Había entrado al laboratorio mucho antes que Elena, pero Fernando nunca le daba una oportunidad real. Estaba segura de que si ella liderara el proyecto, lo haría igual de bien.

Al terminar la reunión, Elena salió de la sala junto a sus compañeros, ignorando las miradas resentidas de Natalia.

Al llegar a su escritorio, se encontró con dos ramos de flores.

—¿Alguien te está cortejando, Elena? —preguntó Santiago con curiosidad.

Elena revisó los ramos. Uno no tenía tarjeta, pero el otro sí. Decía «Feliz cumpleaños» y estaba firmado por Diego.

Recién en ese momento recordó que era su cumpleaños. Durante los cinco años de su farsa de matrimonio, Diego jamás le había regalado flores y siempre olvidaba la fecha. Y ahora, separados, de repente le enviaba un detalle.

Le pareció tan patético que tomó las flores de Diego y las tiró a la basura.

Pero, ¿de quién era el otro ramo? Pensó que quizás Alejandro se lo había mandado, así que le envió un mensaje:

—¿Mandaste flores a mi oficina hoy?

Unos minutos después, Alejandro respondió:

—No. ¿Quién te envió flores?

Si no era él, ¿quién podría ser? Para evitar malentendidos, Elena se apresuró a aclarar:

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