Una vez que Eulalia se recuperó, fue inmediatamente al centro comercial.
Tanto Hugo como Bianca le transfirieron una buena cantidad de dinero como compensación por su herida, suficiente para que derrochara por un buen tiempo.
Después de comprar ropa y zapatos de marca, fue a mirar bolsos de diseñador.
Luego de terminar sus compras, se dirigió a un restaurante de lujo.
Sus padres adoptivos en el extranjero pertenecían a la clase media trabajadora. La criaron y le pagaron los estudios de posgrado, pero nunca pudieron ofrecerle una vida de lujos.
A menudo sentía que esa familia la había estancado.
Ella merecía ser tratada como una reina.
Durante la universidad, gracias a su belleza, había salido con un par de jóvenes adinerados, disfrutando de la buena vida por un tiempo.
Lamentablemente, aquellos chicos solo jugaron con ella, y pronto volvió a su vida austera.
Eulalia no se resignó a ese destino. Su plan original era cazar a un millonario y usar el matrimonio como trampolín hacia la alta sociedad.
Pero cuando se le presentó este trato, cambió de idea.
Ser la hija de una familia millonaria era maravilloso.
Ojalá fuera una verdadera heredera.
Mirando su botín de compras, Eulalia sintió de repente envidia de Elena.
Ojalá Elena desapareciera para siempre.
De pronto, su teléfono sonó.
Era Isidora.
Sintió fastidio, pero contestó.
Isidora le preguntó directo al grano:
—Me informaron que hoy fuiste de compras. Gastar dinero se siente bien, ¿verdad?
Eulalia puso los ojos en blanco. ¿Era necesario que la vigilara como a una prisionera?
—Isidora, ¿qué quieres?
Isidora soltó una carcajada fría:
—Solo te llamo para recordarte que llevas un tiempo cultivando la relación con mi madre. ¿No crees que ya es hora de convencerla de irse del país?
Solo si Bianca se iba al extranjero con Eulalia, el secreto de su identidad quedaría a salvo para siempre.
Pero Eulalia no quería irse de Ciudad del Río.
Isidora y su hermana querían que se fuera del país para que Bianca nunca descubriera su verdadera identidad.
¿Y si se aseguraba de que Bianca nunca pudiera descubrirlo?
***
El sábado, Elena y Alejandro fueron a cenar a casa de la señora Bianca.
Eulalia salió de su habitación para recibirlos, luciendo un vestido de un estilo muy similar al de Elena.
Intentó entablar conversación con Alejandro con demasiado entusiasmo.
Alejandro mantuvo una expresión imperturbable, respondiendo de forma distante con una o dos palabras de vez en cuando.
El teléfono de Eulalia vibró; era un mensaje de Hugo.
Fue a abrir la puerta, recibió una bolsa de mariscos frescos del chofer de Hugo y se la entregó a la empleada.
Luego regresó a la sala y le dijo a Bianca:
—Mamá, papá mandó mariscos. Está esperando en el auto. ¿Lo invitamos a cenar?
Al recordar que Hugo había presionado a Elena para donar sangre, a Bianca le hirvió la sangre.
—No. Un hombre tan egoísta como él seguro sabrá cuidarse solo. Además, me niego a comer cualquier cosa que venga de él. Devuélvele esos mariscos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....