Tras salir del quirófano, Adriana yacía débilmente en la cama del hospital.
Llevó una mano a su vientre y sintió un extraño vacío en su interior.
Sin embargo, al pensar que Diego usaría la muerte de ese bebé para destruir a Elena en los tribunales, se convenció de que el sacrificio había valido la pena.
En ese momento, Diego cruzó la puerta de la habitación.
De inmediato, Adriana compuso una máscara de puro desconsuelo y lo miró con los ojos anegados en lágrimas.
Diego dejó escapar un suspiro, se acercó y le tomó la mano.
—Descansa. Intenta no pensar más en el bebé.
Adriana sabía perfectamente que despotricar contra Elena en ese momento solo jugaría en su contra. Por ello, hundió el rostro en el pecho de él, llorando amargamente, hablando únicamente del inmenso dolor que le causaba la pérdida.
—Diego, acabo de tener una pesadilla... soñé que el bebé estaba llorando. Diego, ¿tú crees que sintió mucho dolor?
Diego era, en el fondo, un hombre de mentalidad sumamente tradicional. Su mayor aspiración siempre había sido tener una gran descendencia.
Al enterarse de que el hijo que Adriana llevaba en el vientre había muerto, la furia y la frustración lo habían consumido.
La rodeó con sus brazos y le susurró para consolarla:
—Tranquila. Ahora lo importante es que te recuperes. Tendremos más hijos en el futuro.
Aunque últimamente vivían enfrascados en discusiones por cualquier nimiedad, para él, Adriana seguía siendo su esposa legítima y la madre de su primer hijo.
Siempre ocuparía un lugar intocable en su vida.
***
Esa misma noche, al llegar a casa, Alejandro buscó a Elena con la mirada cargada de preocupación.
El abogado Cortés ya lo había puesto al tanto de todo.
—¿No te hiciste daño? —le preguntó, analizándola de pies a cabeza.
Elena negó con la cabeza.
—Estoy bien. Solo... jamás imaginé que Adriana llegara a un extremo tan despiadado.
Usar a su propio hijo para arruinarla le parecía un acto de pura locura.
Alejandro le tomó las manos con suavidad.
—Mande a mi gente a buscar las grabaciones de seguridad de la entrada del hotel, pero alguien se nos adelantó. Borraron los archivos. Seguramente fueron los Romero.
La expresión de Elena se volvió sombría.
Sin pruebas en video, iba a ser sumamente difícil demostrar su inocencia.
Alejandro le dio unas suaves palmaditas en el hombro y continuó:
—Afortunadamente, también hay cámaras de tráfico en la calle frente al hotel. Me comuniqué con unos contactos en la policía y nos hicieron el favor de revisar el registro de esa hora.
De pronto, a Elena se le iluminó la mirada.
—¿Crees que sería posible conseguir su historial clínico y los reportes de sus controles prenatales?
Someterse a un segundo embarazo tan rápido, ignorando por completo las advertencias sobre su salud, dejaba en claro que Adriana solo buscaba amarrar a Diego a su lado.
—Yo sé perfectamente que eres incapaz de algo así —le aseguró el profesor Álvarez—. Sin embargo, este es un asunto que debes resolver lo antes posible. Varios de nuestros proyectos dependen de fondos gubernamentales y me preocupa que personas malintencionadas sigan enviando quejas que terminen saboteando tu trabajo.
Elena asintió, comprendiendo la gravedad del asunto.
—Lo entiendo perfectamente, profesor.
A la mañana siguiente, los técnicos del proveedor de insumos médicos llegaron con el nuevo equipo y comenzaron con la instalación y calibración.
Al terminar, Elena invitó a almorzar al gerente del proyecto y al ingeniero encargado.
En el vestíbulo del restaurante, el destino quiso que se cruzaran con Hugo.
El gerente del proveedor se adelantó a saludarlo con cordialidad.
Elena, por el contrario, mantuvo un semblante de mármol y no pronunció palabra.
Hugo, que ya había sido informado de todo el drama por Eulalia, la miró de arriba abajo.
Con una risa burlona, soltó:
—Señorita Navarro, el karma no perdona. Tenga cuidado con ir por la vida haciendo daño, o terminará pagando muy caro.
Elena frunció el ceño. Era evidente que se refería al incidente con Adriana.
Pero al tener la conciencia completamente limpia, no tenía por qué bajar la mirada.
Lo encaró con frialdad absoluta.
—Director Valiente, si su capacidad de juicio es tan deficiente que se cree cualquier historia de pasillo, de verdad temo por el futuro del Grupo Valiente. Si la edad ya le está nublando la razón, le aconsejo que empiece a buscar un buen sucesor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....