Elena ni siquiera la miró, tomó sus medicinas y dio media vuelta para irse.
Alejandro había ido a buscar los resultados de sus exámenes y ambos se encontraron en la entrada del hospital.
Justo en ese momento, Adriana salió y los vio juntos. Verlos tan enamorados le provocó una punzada de celos.
Sin embargo, rápidamente dibujó una sonrisa despectiva.
Esa relación no era más que una aventura pasajera. Por muy acaramelados que estuvieran ahora, el futuro seguro sería un desastre.
Se conformó con la idea de esperar el día en que Alejandro abandonara a Elena.
***
Elena y Alejandro salieron del hospital rumbo al Hotel Monteverde para su sesión de fotos de boda.
Este lujoso lugar era propiedad privada de Alejandro. El gerente general, al enterarse de la visita del director Vargas para sus fotos, había cerrado el hotel al público durante tres días completos.
Apenas entró, los estilistas sentaron a Elena frente al espejo para maquillarla.
Tras dos horas de minucioso arreglo, comenzó el proceso de ponerse el vestido de novia.
El peso del espectacular diseño casi la deja sin aliento.
Al ver los cientos de piedras preciosas incrustadas en la tela, supo que la jornada fotográfica sería todo un reto físico.
Alejandro lucía un traje hecho a la medida. Se veía elegante, imponente, como un aristócrata salido de un castillo de época. Al lado de ella, formaban la pareja perfecta.
El fotógrafo estaba fascinado. Con modelos tan atractivos, cualquier ángulo sería una obra de arte.
Mientras le ayudaba a sostener la enorme cola del vestido, Alejandro frunció el ceño.
—¿Pesa mucho? ¿Quieres cambiarte a otro modelo? —le preguntó.
Sintiendo que ya empezaba a sudar por la espalda, Elena sonrió.
—Me costó mucho ponérmelo, tomemos algunas fotos con este y luego me cambio.
Alejandro asintió.
Durante toda la sesión, Alejandro no dejó de cuidarla. Le acomodaba el vestido, la sostenía al subir escalones y no le soltaba la mano en ningún momento.
Tras dos cambios de escenario, el fotógrafo sugirió una sesión dentro de la piscina.
—El vestido es demasiado pesado, será peligroso en el agua —lo descartó Alejandro al instante—. No haremos ese tema.
Intimidado por su aura dominante, el fotógrafo aceptó sin chistar.
Elena fue a ponerse un vestido de corte sirena mucho más ligero y sencillo, lo que le dio un gran alivio.
Mientras la maquilladora le retocaba el rostro, Alejandro se acercó con un vaso para darle de beber. Luego se arrodilló para cambiarle los tacones por unas pantuflas cómodas.
Elena se sonrojó un poco y bajó la mirada.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico