El niño, con un tono altanero, exigió que Ariadna se fuera.
—¡Yo quiero usar el columpio, lárgate!
Ariadna, con el ceño fruncido, le plantó cara.
—¡Yo llegué primero! ¡Eres un grosero!
El niño le hizo una mueca de burla y se rio en su cara.
—¡Mi papá es el subdirector del hotel! ¡Todos aquí tienen que obedecerlo! ¡Este parque es mío! Si yo quiero jugar, tú tienes que ceder tu lugar.
Pero Ariadna no estaba dispuesta a dejarse intimidar. Se acercó para pelear por su lugar y ambos comenzaron a empujarse.
Al ver esto, la niñera del niño intervino rápidamente. Agarró a Ariadna por los brazos y la empujó con fuerza, haciéndola caer al suelo.
—¡Qué te pasa, niña salvaje! ¡No tienes modales! ¿Acaso tu madre no te enseñó a no quitarle las cosas a los demás?
En ese preciso instante, Carmen regresaba con dos vasos de jugo. Al ver a Ariadna tirada en el suelo, con las trenzas deshechas y el rostro bañado en lágrimas, sintió que la sangre le hervía. Su rostro se puso rojo de rabia.
Corrió, se interpuso como un escudo frente a su hija y miró furiosa a la niñera y al niño.
—¿Por qué se atreven a tocar a mi hija?
La niñera recorrió con la mirada la ropa sencilla de Carmen y sus ojos se llenaron de desprecio.
De vez en cuando, el parque infantil del hotel recibía a clientes que compraban pases de descuento por internet. Esa clase de «chusma» solo tenía acceso a las áreas públicas y ni siquiera podían soñar con entrar a las exclusivas zonas VIP del interior.
El niño, de nombre Alonso, había salido al parque público simplemente porque ya se había aburrido de los juegos VIP. Y para su sorpresa, esa mocosa atrevida había tenido la osadía de pelearle un columpio.
La niñera levantó la barbilla con actitud prepotente.
—Te sugiero que obligues a tu hija a disculparse con el joven Alonso ahora mismo. ¡Si no lo haces, llamaré a seguridad para que las echen a la calle!
Todos los guardias de seguridad del hotel conocían al hijo del subdirector. Con una sola palabra suya, acatarían las órdenes sin chistar.
Carmen soltó una carcajada amarga y llena de rabia.
—Yo también soy huésped de este hotel. ¿Con qué derecho cree que puede corrernos?

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