Después del trabajo, Elena fue al hospital a visitar a Héctor.
Al enterarse de que ya estaba en fase de rehabilitación y que los especialistas eran muy optimistas respecto a su recuperación total, se alegró genuinamente por él.
Amelia solía ir todos los días a hacerle compañía al terminar su jornada laboral, pero ese día se había retrasado por una junta de última hora.
Elena decidió quedarse charlando con él hasta que Amelia llegara.
La conversación fluyó hacia los proyectos de Inteligencia Artificial en el campo médico, un tema en el que ambos coincidían apasionadamente.
De pronto, la puerta se abrió sin previo aviso y entró Diana.
—Héctor, te traje la cena desde un restaurante exclusivo... —comenzó a decir con voz melosa.
Elena se sorprendió al ver a la chica ahí.
¿Desde cuándo conocía Diana a Héctor?
Héctor, por su parte, sintió que le empezaba a latir la sien del dolor.
Desde la vez que la ayudó de casualidad en los pasillos, esta joven había averiguado en qué habitación estaba internado y, desde entonces, se presentaba todos los días a platicar sin parar.
Él era consciente de que su apariencia solía atraer a las mujeres, y por eso siempre detectaba el interés rápidamente.
Le había dejado claro, con toda la amabilidad posible, que ya tenía novia.
Pero Diana simplemente le contestó que no le importaba, que podían empezar «solo como amigos».
Por más cortante e indiferente que él fuera, la chica simplemente no entendía las indirectas.
Como Amelia solía visitarlo por las noches y Diana se aparecía en las tardes, nunca se habían cruzado.
Hasta esa noche. Diana había decidido hacer una visita nocturna sorpresa, con la única intención de «marcar territorio» frente a la supuesta novia de Héctor.
Lo que jamás imaginó fue encontrarse a Elena sentada junto a la cama.
¿Acaso la novia de Héctor era Elena?
Diana la fulminó con una mirada cargada de veneno.
—¡Eres una descarada! —escupió—. Jugando con mi primo Alejandro y ahora viniendo a escondidas a coquetear con Héctor.
Antes, Diana se burlaba de esa cursilería.
Pero ahora sentía que su amiga tenía toda la razón.
Estaba convencida de que Héctor era el amor de su vida.
Por eso, aunque él acababa de humillarla y correrla frente a su enemiga, ella decidió en su mente retorcida que lo perdonaba.
—¡No me rendiré, Héctor! Volveré mañana. ¡Tienes que creerme, aléjate de esa mujer, es una mentirosa profesional! —gritó antes de salir corriendo con los ojos llenos de lágrimas.
Elena recordó al profesor Lucas, quien también había sido víctima de un acoso similar cuando querían obligarlo a aceptar a una alumna. Al ver a Héctor lidiando con esta fanática obsesionada, sintió verdadera lástima por él.
En ese preciso instante, Amelia cruzó la puerta.
Al ver el ambiente tenso, preguntó curiosa.
—Me acabo de cruzar con una chica que salía llorando por el pasillo. ¿Qué pasó?
Héctor, que había pensado que su frialdad sería suficiente para ahuyentar a Diana, se dio cuenta de que había subestimado la locura de la joven.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....