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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 628

Eulalia estaba convencida de que, si lograba llevar a Bianca al hospital, Hugo se pondría tan feliz que le adjudicaría todo el mérito y, sin duda, resolvería sus problemas en el instituto de investigación.

Pero la voz de Bianca resonó al otro lado de la línea, fría y cortante.

—Te lo he dicho mil veces: lo que le pase a ese hombre no es asunto mío. No vuelvas a mencionarlo.

Eulalia sintió ganas de llorar de frustración.

¿Por qué Bianca tenía que ser tan terca y rencorosa?

Se suponía que ella era su «hija» adorada. ¿Acaso no podía hacer el esfuerzo de ir al hospital al menos por respeto a ella?

Al ver que por las buenas no funcionaba, Eulalia decidió cambiar de táctica.

—Mamá, te lo ruego. Verlo aquí solo, en una cama de hospital... me rompe el corazón. Intento cuidarlo, pero no soy suficiente para animarlo. Por favor, tienes que venir. Si no vienes a verlo... te juro que no volveré a la casa.

Pero su intento de chantaje emocional chocó contra un muro de indiferencia.

Bianca no era tonta. Sabía perfectamente que, si Eulalia se estaba desviviendo por cuidar a ese viejo miserable, era porque esperaba sacarle algún beneficio económico o laboral.

—Eulalia, no te metas en los asuntos de los adultos —respondió Bianca con frialdad absoluta.

Y colgó.

Eulalia miró la pantalla de su teléfono, incrédula. Había llegado al extremo de amenazarla con irse de la casa, y a Bianca no le había importado en lo más mínimo.

¿Cuánto odio debía albergar para ignorar a Hugo de esa manera?

Era evidente que el daño que ese hombre le había causado en su juventud era irreparable.

Pero lo que más le dolió a Eulalia fue darse cuenta de algo: ella había estado encerrada en ese hospital durante días, y Bianca no había mostrado ni una pizca de preocupación por su bienestar.

Al parecer, el amor de Bianca por su supuesta hija «recuperada» no era tan incondicional como pensaba.

En ese instante, un ataque de tos proveniente de la habitación interrumpió sus pensamientos.

Tragándose la frustración y el asco que le revolvía el estómago, Eulalia se puso su mejor cara de niña buena y entró para seguir atendiendo a Hugo.

***

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