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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 630

Quedarse encerrada en casa todo el día, soportando los insultos venenosos de su suegra, Beatriz, mientras veía cómo el dinero de sus tarjetas se esfumaba, la estaba volviendo loca. Si no salía a trabajar, perdería la razón.

Además, el resentimiento la consumía cada vez que pensaba en cómo la carrera de Elena despegaba hacia las nubes, mientras ella se marchitaba como una patética ama de casa sin futuro.

Si se llegaban a cruzar de nuevo, estaba segura de que Elena se burlaría de ella sin piedad.

Tragándose su orgullo y su rabia, Adriana se obligó a ir al laboratorio.

Pero ser asistente estaba resultando ser una pesadilla.

Ella estaba acostumbrada a dar órdenes, a chasquear los dedos y que todos corrieran. Ahora, era ella quien tenía que agachar la cabeza y acatar las exigencias de los demás.

El golpe a su ego fue brutal.

Sabiendo que Rodrigo la amaba incondicionalmente, y al ser él la única persona en el mundo en quien podía confiar, Adriana lo usaba como su muro de lamentaciones personal.

Sin embargo, lo que Rodrigo amaba era a la Adriana del pasado: esa mujer radiante, segura de sí misma, elegante y dulce.

Verla convertida en una sombra amargada, destilando veneno y negatividad todo el tiempo, comenzó a desgastarlo. Ya no respondía a sus llamadas de inmediato, y sus mensajes se volvieron fríos y distantes.

Adriana, experta en leer a los hombres, notó el cambio al instante y el pánico se apoderó de ella.

Diego ya ni siquiera dormía en la casa. Su vida era un completo desastre, y Rodrigo era el único salvavidas que le quedaba.

Si terminaba espantándolo con sus quejas, ¿quién demonios iba a sacarla del pozo?

Rápidamente cambió de estrategia. Dejó de lloriquear frente a él y volvió a ponerse la máscara de la mujer resiliente y esforzada.

El trabajo físico en el laboratorio era agotador, pero apretó los dientes y lo soportó.

Hoy soy asistente, pero no lo seré para siempre, se repetía a sí misma como un mantra.

Si no tenía el talento científico para brillar, siempre podía usar sus artimañas para escalar posiciones.

¿Acaso creían que un grupo de ratones de laboratorio iba a ser más astuto que ella?

Estaba convencida de que, tarde o temprano, recuperaría su antigua vida de lujos y poder.

Cuando Beatriz se enteró de que su distinguida nuera estaba trabajando como una simple asistente de investigación, no perdió la oportunidad de humillarla con comentarios sarcásticos en cada comida.

Pero Adriana lo soportó todo en silencio.

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