Las manos le temblaban sin control y la voz apenas le salió, áspera y quebrada por el miedo.
—A mi tía Carmen le pasó algo... y mi abuela se desmayó...
—Primero vamos a ver a tu abuela y a averiguar qué pasó con Carmen —dijo Diego.
Diego la subió rápido al coche. Justo cuando iba a arrancar, se acordó de algo y le mandó un mensaje a su asistente: [Ve a recoger a Adriana y llévala a casa].
Luego, arrancó el motor y se dirigieron al hospital para checar a la abuela.
***
La abuela ya había despertado; estaba sentada en la cama, todavía aturdida. Su prima no paraba de llorar.
Elena quería preguntar qué había pasado, pero temía alterarlas más. Sin embargo, la preocupación por Carmen era tan grande que apenas lograba respirar con normalidad.
Al final, fue Diego quien habló:
—Voy a ir a la delegación a ver a tu tía y averiguar qué pasó. No te preocupes, conmigo ahí, nadie se va a aprovechar de ella.
Elena asintió y, con un nudo en la garganta, le dio las gracias. Aunque habían tenido muchos problemas últimamente, si él podía ayudar a su tía, ella estaba dispuesta a pagar el precio que fuera.
Su prima pareció reaccionar. Abrazó a Elena y, entre sollozos, le preguntó:
—Elena... ¿mi mamá va a ir a la cárcel?
Había visto con sus propios ojos cómo su madre le clavaba un cuchillo en el estómago a esa descarada. Si esa mujer moría, su mamá acabaría en prisión.
¡Todo era culpa de su papá! ¿Por qué tuvo que engañarla y dejar que esa tipa fuera a buscarlas a la casa? ¡Por qué le hacía eso a su madre!
Elena sintió que el aire se le atoraba en la garganta y por un momento no supo qué decir. Pero rápidamente se obligó a mantener la calma.
Elena asintió y aceptó. Sabía que necesitaba descansar y recuperar energías para poder apoyar a su tía en este proceso.
Al día siguiente, en cuanto Diego llegó, Elena le preguntó apresurada:
—¿Qué pasó con el caso de mi tía?
Una emoción fugaz cruzó la mirada de Diego, pero rápido contestó:
—Te dije que con mi ayuda no le pasaría nada. El abogado ya está negociando la compensación con la familia de esa mujer. Saldrá muy pronto.
Elena soltó un suspiro de alivio y preguntó:
—¿Puedo ir a verla? —Le preocupaba el estado de su tía; necesitaba verla con sus propios ojos para quedarse tranquila.
—En la delegación todavía no permiten visitas de familiares —explicó Diego—. En cuanto tenga noticias, te lo haré saber.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....