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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 774

Elena no pudo evitar pensar que Alejandro era un hombre excepcionalmente inteligente, capaz de dominar con éxito cualquier cosa que se propusiera.

Después de entregar el regalo, Ariadna no perdió la oportunidad de contarle el resto del chisme.

—¡Ah! También nos encontramos con Diego. Estuvo molestando a Alejandro.

Alejandro asintió, siguiéndole el juego a la niña.

—Así es, me atacó sin provocación.

Elena soltó una carcajada, mitad divertida, mitad indignada.

—¿Y te quedaste de brazos cruzados? ¿No te defendiste?

Alejandro adoptó una postura solemne.

—No es apropiado dar un mal ejemplo de agresividad frente a los niños.

Elena se acercó y lo abrazó por la cintura.

—De haber sabido, habría ido con ustedes para ponerlo en su lugar por ti.

Alejandro esbozó una sonrisa de satisfacción. Cualquier rastro de celos o molestia que pudiera haber sentido antes desapareció por completo tras ser mimado de esa manera.

***

El miércoles por la noche, como Alejandro tenía que quedarse trabajando hasta tarde, Elena fue a cenar con Bianca.

Dante también las acompañó. A mitad de la cena, se dirigió a Elena con total naturalidad:

—Compré un par de edificios de oficinas en Ciudad del Norte. Mi intención es regalarte uno a ti y el otro a Héctor.

Elena se quedó boquiabierta. La noticia la tomó totalmente por sorpresa. No le estaba regalando un departamento o una casa... ¡le estaba regalando un edificio entero!

Y, para colmo, en una zona tan exclusiva como Ciudad del Norte.

Lo que más la desconcertó fue el tono casual con el que Dante lo mencionó, como si hablara del clima.

Elena comprendió en ese instante que su imaginación sobre cómo las familias verdaderamente ricas hacían regalos aún se quedaba bastante corta.

Dante notó su asombro y le sonrió con calidez.

—Los veo a ambos como si fueran mis propios hijos, así que no quiero que sientan ningún tipo de presión. Simplemente acéptenlo. De todas formas, mi patrimonio terminará siendo de ustedes en el futuro, así que da igual si se los entrego ahora o después.

Dante no era de los que idolatraban el dinero.

Para él, el amor y la familia estaban muy por encima de cualquier fortuna.

El dinero era una herramienta para servir a las personas, no un medio de control para mantener atados a los demás.

—Tengo un par de asuntos urgentes que atender al llegar. Pero te aseguro que estaré ahí antes de que comience la fiesta.

—No te preocupes, resuelve lo tuyo primero. No pasa nada si llegas un poco después.

En las últimas semanas, Alejandro se había estado levantando a las cinco de la mañana para adelantar trabajo.

El hecho de que regresara temprano a casa para estar con ella no significaba que sus responsabilidades corporativas hubieran desaparecido.

Al ver cómo sacrificaba sus horas de sueño, a Elena se le estrujaba el corazón.

Si tan solo las peleas internas por el control de la familia Vargas no fueran tan crueles... Si tuviera familiares de confianza apoyándolo, Alejandro no tendría que cargar con un peso tan abrumador.

A las tres de la tarde, acompañada por Bianca, Elena se dirigió al salón de belleza para prepararse.

El equipo de estilistas asignado para ella superaba la docena de personas, abarrotando por completo el amplio camerino.

Elena se miró en el espejo de cuerpo entero y se giró hacia Bianca, visiblemente apenada.

—Mamá, creo que he subido más de peso esta semana por el tratamiento y el embarazo. ¿Qué pasa si el vestido ya no me cierra?

Bianca se acercó, acariciándole el hombro con amorosa tranquilidad.

—No te angusties por eso, mi niña. Mamá ya lo tenía previsto. Mande a hacer el mismo diseño en diferentes tallas, y además trajimos a la modista principal para que haga los ajustes necesarios aquí mismo. Tú relájate y disfruta.

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