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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 88

Gabriela hablaba con la voz quebrada de quien pretende ser la ofendida, pero a Elena solo le provocó una repulsión aún más honda.

—Lárguense de aquí, por favor. No son bienvenidas.

Adriana no tardó en salir a defender a Gabriela.

—Ay, Elena. En el amor no hay buenos ni malos. Si ellos de verdad se aman, entonces la que está de más es tu tía.

En ese momento, Carmen escuchó el alboroto desde el cuarto y salió. Al ver a Gabriela, la rabia pudo más que ella y se lanzó directamente contra Gabriela.

En medio del forcejeo, Adriana empujó a la tía, quien cayó, se golpeó la cabeza contra el suelo y quedó inconsciente.

Llena de rabia, Elena le soltó una bofetada a Adriana.

Diego, que justo salía del baño, presenció la escena.

Al ver la mejilla enrojecida de Adriana, corrió a reclamarle a Elena.

—¿Estás loca? ¿Cómo te atreves a pegarle?

Elena miró a su tía desmayada; no tenía ni la más mínima energía para pelear con ellos.

—¡Lárguense! ¡Y no vuelvan a poner un pie aquí!

Los corrió de su casa.

Pero Diego la agarró del brazo, usando un tono tajante.

—Le pegaste. Mínimo pídele una disculpa, ¿no crees?

Adriana bajó de inmediato el tono y adoptó esa expresión de inocencia herida que tan bien sabía fingir.

—Déjalo, Diego, ni siquiera me dolió. Yo sé que Elena no lo hizo a propósito.

Para ese entonces, Gabriela ya se había dado a la fuga.

Elena ni siquiera tuvo oportunidad de explicar nada.

Isabel se acercó y los puso en su lugar.

—¡Reacciona, Diego! La señora está desmayada y tú sigues empeñado en discutir a quién le corresponde la culpa. Si para ti esta tipa es más importante que la familia de Elena, ¿entonces por qué no la dejas en paz de una maldita vez?

—¡Yo...! —Las palabras se le atoraron a Diego. Quiso defenderse, pero no encontró ninguna excusa.

Elena los ignoró y, con ayuda de Isabel, levantó a su tía para llevarla al cuarto.

Diego sacó a Adriana de ahí. Una vez en el coche, le preguntó:

—¿A qué veniste de repente?

Adriana frunció los labios con evidente disgusto.

—¿Qué, está prohibido? Yo también me preocupo por Elena.

Ella asintió.

—Claro, daré mi mayor esfuerzo.

Natalia quedó fuera del proyecto y la noticia le golpeó el orgullo con fuerza.

No se consideraba inferior a Elena, pero, ¿por qué nunca le tocaban las buenas oportunidades?

En cambio, a sus ojos, Elena siempre parecía avanzar con una facilidad irritante.

Esa misma noche salió a tomar algo con Camila y Adriana y les contó todo lo ocurrido.

Al escucharla, Adriana levantó una ceja.

—¿Dices que va a entrar al proyecto del Grupo Vargas? ¿De verdad crees que tiene la capacidad para algo así?

«¿Será que Elena sabe algún secreto oscuro del Profesor Álvarez y por eso le da tanta preferencia?»

Natalia se burló:

—¿Qué capacidad podría tener? Ya veremos cómo reacciona cuando termine echándolo todo a perder.

En ese instante, a Adriana se le ocurrió una idea.

Si lograba que Elena cometiera un error gravísimo en la investigación, ¿no sería esa la forma perfecta de hundir su carrera para siempre?

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