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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 96

Adriana se aferró al brazo de su madre con aire consentido.

—Ya sé, mamá, te haré caso en todo.

Valentina sacó su tarjeta, lista para pagar, cuando de repente vio a Elena.

La calidez de su rostro desapareció al instante, aunque esta vez no le habló con la misma dureza que en otras ocasiones.

Se acercó y le dijo:

—Elena, me contó Adriana que ahora están trabajando en el mismo equipo. Ya que es así, como eres la hermana mayor, debes cuidarla mucho. Nada de molestarla, ¿entendido?

Valentina dio por sentado que Elena la obedecería sin rechistar.

Pero Elena respondió con frialdad:

—Ah, ¿y por qué habría de hacerlo?

Miró a Adriana con evidente sarcasmo.

—No soy tan generosa como para cuidar a la mujer que se metió con el hombre que estaba conmigo.

La mirada de Valentina se endureció.

—¿Así le hablas a tu madre? ¡Qué falta de educación!

Elena le contestó sin inmutarse:

—Solo soy educada con la gente que tiene clase. ¿Acaso crees que tú la tienes?

Valentina se puso lívida de furia.

—Sé por qué estás así, pero lo de Adriana y Diego es amor de verdad. Hacer escándalo no te va a servir de nada. Hazme caso, aléjate de Diego y busca a alguien que de verdad encaje contigo. Deja de aferrarte a algo que nunca ha sido para ti.

Adriana intervino de inmediato:

—Elena, mi mamá solo lo dice por tu bien, no quiere que te equivoques de camino.

Elena la encaró:

—¿Dejar que te conviertas en la amante para seducir a Diego y trepar posiciones es el gran ejemplo de educación que te dio? Yo sé muy bien qué camino tomar, no necesito que ella me enseñe nada.

Ni Adriana ni Valentina se esperaban una respuesta tan afilada; se quedaron mudas de la impresión.

Adriana intentó salvar las apariencias y forzó una sonrisa.

***

Después del incidente de la noche anterior en la zapatería, Adriana estuvo insoportable al día siguiente y buscó cualquier pretexto relacionado con el proyecto para complicarle el trabajo a Elena.

Pero Elena no se dejó pisotear y le respondió con argumentos tan técnicos y profesionales que la dejó callada en más de una ocasión.

Tras un par de enfrentamientos así, Adriana moderó un poco su actitud y dejó de molestarla tanto.

Elena tampoco le prestó más atención y continuó con su trabajo. Al terminar de organizar unos documentos, se dispuso a ir al laboratorio, pero de pronto vio a Adriana parada en la puerta, hablando por celular con Diego en un tono por demás empalagoso.

—No es necesario que vengas a recogerme, qué incómodo sería que Elena nos viera. Me puedo ir sola. Sí, no te preocupes, me portaré bien y comeré a mis horas.

Elena hizo como si no hubiera escuchado y entró directo al laboratorio.

Al terminar su llamada, Adriana también entró.

Vio a Elena totalmente absorta en la realización de unas pruebas.

De repente, se le ocurrió una idea. Tomó a propósito un frasco de oxidante fuerte, se acercó a Elena y, fingiendo que se torcía el tobillo por accidente, derramó el químico directamente en el tubo de ensayo que estaba en la mesa frente a su hermana.

Se escuchó un fuerte estallido. Elena vio el destello repentino del fuego justo frente a sus ojos y, del susto, dio un paso hacia atrás.

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