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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 977

Aunque Rosalía odiaba a Elena, no podía negar que su belleza era innegable.

Además, Alejandro no era ningún idiota; si Elena no fuera deslumbrante, jamás se habría fijado en ella.

Pero Milena seguía atrapada en su propio mundo de fantasía.

No podía comprender cómo Alejandro tenía gustos tan mediocres.

En el pasado, cuando conoció a Alejandro, había quedado fascinada por su porte y apariencia.

Intentó darle la «oportunidad» de conocerla, pero él la trató con absoluta indiferencia.

En ese momento, Milena se autoconvenció de que Alejandro era solo un adicto al trabajo, alguien sin tacto para el romance. De nada servía que fuera guapo si nunca iba a estar en casa.

Por eso decidió dejar de intentar pescarlo.

Y ahora resultaba que se había casado con Elena.

Claro, pensó Milena. Solo una chica criada en un pueblo perdido podría soportar tener un esposo que vive para el trabajo y nunca le presta atención.

Milena soltó una risita burlona.

Comparada con ella, una verdadera dama de alta cuna, Elena quedaba completamente opacada.

Pero a Elena le tenía sin cuidado lo que estuviera pasando por la cabeza de Milena. Con un gesto de la mano, le ordenó a Bruno que sujetara a Bárbara, quien seguía lanzando juguetes.

Al ver que el guardaespaldas agarraba a su hija, Rosalía estalló.

—¡Elena! ¡Son cosas de niños! ¡Tienen que resolverlo entre ellas! ¡Que tú te metas es pasarse de la raya!

—Ya le advertí a la anciana Valiente la última vez —respondió Elena con voz de hielo—. Si no saben educar a su hija, lo haré yo por ustedes.

Dicho esto, agarró a Bárbara, la puso boca abajo sobre un pequeño sofá y comenzó a darle unas nalgadas.

No se contuvo en lo absoluto.

Bárbara soltó alaridos de dolor, llorando a gritos y pidiéndole a su mamá que la salvara.

Sintiendo que se le partía el alma, Rosalía intentó abalanzarse sobre Elena, pero Bruno y Leandro le cortaron el paso.

Al ver que Milena seguía parada como si estuviera viendo una película, le gritó:

—¡Muévete y ayúdame!

—Voy a llamar a nuestros guardaespaldas —respondió Milena, con fastidio—. Las mujeres elegantes no se pelean a golpes, eso es de gente vulgar.

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