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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 978

Observó a Elena con una punzada de envidia.

No le quedó más remedio que tragarse su furia.

Después de todo, armar un escándalo frente a la esposa de ese funcionario le traería consecuencias desastrosas.

Apretando los dientes con frustración, dio media vuelta y se marchó.

Al verla regresar, Milena le preguntó:

—¿Tan rápido te desquitaste?

Bárbara también miró a su madre con esperanza.

Pero Rosalía, con el rostro tenso, solo dijo:

—¡Nos vamos a casa!

Milena soltó un bostezo y arrastró las palabras.

—Ah, o sea que no te atreviste. ¿Le tienes miedo?

Rosalía le lanzó una mirada venenosa pero no respondió.

Al darse cuenta de que su mamá no había vengado su honor, Bárbara se sintió terriblemente humillada y soltó otro llanto ensordecedor.

Rosalía, que ya no tenía una gota de paciencia, jaló a su hija del brazo y la subió a rastras al auto.

A la mañana siguiente, tal como esperaba, Elena recibió otra llamada de la anciana Valiente.

Esta vez, Elena escuchó los gritos y reproches con toda la calma del mundo y, cuando la anciana terminó de desahogarse, respondió con una ligereza aplastante:

—La próxima vez que Bárbara venga a buscarme pleito, el castigo será mucho peor. Le sugiero que vigile bien a su nieta, no vaya a ser que vuelva a caer en mis manos.

La anciana Valiente casi se desmaya del coraje.

Esta vez, fue ella quien cortó la llamada primero.

Se giró hacia Bárbara, que seguía llorando mares, y le gritó:

—¡Deja de acercarte a ellas! Son un par de locas sin clase. ¿Qué necesidad tienes de pelear con locas?

Al escuchar eso, Bárbara lloró con más fuerza.

Mientras tanto, Elena continuó su trabajo con absoluta tranquilidad.

Diana la observaba con evidente admiración.

—Esa anciana Valiente tiene un genio igual de podrido que la abuela de mi familia, y tú lograste callarla sin despeinarte. Elena, me doy cuenta de que has cambiado muchísimo desde el día que te conocí.

En el pasado, Elena tenía un aura suave y complaciente, como la perfecta dama de época que nunca rompe un plato.

Pero ahora irradiaba un poder gélido y altivo; parecía capaz de destruir a cualquiera que se atreviera a cruzarse en su camino.

Era cierto que cuando la posición de una persona cambia, y cuando ha sobrevivido a tantas pruebas, su energía se transforma.

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