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Reencarné y mi Esposo es un Coma romance Capítulo 179

Adriana se quedó unos segundos helada, apenas cayendo en cuenta de lo que sucedía.

—¿Fue Camilo quien lo hizo?

Ignacio le devolvió la pregunta con otra:

—¿Tú qué crees?

—Parece el principal sospechoso, sí… pero, ¿y si se equivocaron de persona?

—Si ya está muerto, pues que lo entierren —soltó Ignacio, relajado.

Adriana no pudo evitar soltar un resoplido de asombro.

—Qué duro eres.

—¿O prefieres que te entierren a ti? —Ignacio la miró fijo, tan serio que no dejaba duda de que no bromeaba.

Adriana se enderezó al instante.

—¡Ese tipo se lo merece! Yo misma voy a cavar el hoyo para él.

—Baja y quédate con Sabri, protégela —le ordenó Ignacio.

Adriana soltó una sonrisa.

—¿Proteger a Sabrina? Si acaso debería ser ella quien me cuide a mí.

—¿Tienes algún problema con lo que te acabo de pedir? —Ignacio la miró arqueando una ceja.

—¿Problemas yo? Para nada, jefe. Ya mismo bajo. Si algún tipo se le acerca, le doy una patada que lo mando volando.

Ignacio agitó la mano para despedirla.

Adriana bajó enseguida en busca de Sabrina. Al llegar a la sala, vio que Camilo aún no aparecía.

—Sabrina —la llamó, acercándose.

—¿Qué haces aquí? ¿No tenías que estar en la oficina? —Sabrina la miró, algo desconcertada por su repentina visita.

—¿No te lo había dicho? Esta empresa es mía, si no quiero ir a trabajar, no voy —Adriana le puso la mano en el hombro, y su mirada se tornó más seria—. Oye, ¿sabías que otra vez pusieron tu información en la Darknet? Esta vez ofrecen una recompensa de ochocientos mil pesos.

—Ese día me disfracé de empleada, Matías se las daba de listo y me menospreció por ser mujer… y terminó perdiendo —le relató Adriana, divertida.

Sabrina se sorprendió.

—No tenía idea… Siempre pensé que algún guardaespaldas de los Guerrero lo había descubierto.

—Nacho, apenas se recuperó, me mandó a la mansión Guerrero. Pero tú estabas tan ocupada cuidándolo, que ni te diste cuenta de mi presencia. Además, iba disfrazada, así que era casi imposible que me reconocieras —siguió Adriana, con tono distraído.

Sabrina la miró, frunciendo el ceño.

—Ahora que lo pienso, tú y Nacho parecen más jefa y empleada que amigos. Siempre apareces cuando él te lo pide, como si estuvieras bajo sus órdenes… Y siempre en situaciones de peligro.

Adriana se sintió algo incómoda, se tocó la nariz, y desvió la mirada.

Para cambiar de tema, soltó:

—¿Y Camilo? Ya tardó mucho en llegar. Yo quería ver el espectáculo… Capaz que alguien ya lo agarró en el camino y ni llega.

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