—¡Qué descaro! ¿Qué, porque él no viene la empresa deja de funcionar? ¿Noé pidió permiso o no? —preguntó Cecilia, tajante.
Violeta bajó la mirada, sin atreverse a contestar.
—¿Y el gerente de Recursos Humanos? ¡Que venga ya!
Al rato llegó el gerente de Recursos Humanos.
—Señor Benítez, ¿Noé no vino hoy? ¿Metió solicitud de permiso en Recursos Humanos?
—No hemos recibido nada —respondió el señor Benítez.
—Según el reglamento, si faltas tienes que dejar el permiso por escrito; y si eres gerente, mínimo tienes que avisarle al director general. Los de nivel gerencia, o superior, pueden no entregarlo, pero sí deben pedir autorización al director general. Noé no entregó permiso y tampoco avisó a su superior. Eso cuenta como falta injustificada.
Cecilia lo miró de frente.
—Señor Benítez, usted es el gerente de Recursos Humanos. Según el reglamento, ¿qué sanción corresponde por una falta injustificada?
El señor Benítez se apresuró a decir:
—Debería… ser despido.
—¿Y tú qué dices, papá? —Cecilia volteó a ver a su padre.
—Cici… ese Noé es gente de tu tío Facundo. Si lo corremos así, ¿no se nos va a venir encima…? —Thiago se veía preocupado.
—Papá, ahorita el que manda en la empresa eres tú. Si le tienes miedo a cualquiera, ¿entonces cómo la vas a dirigir?
Con ese jalón de realidad, Thiago lo entendió al instante.
Se dio cuenta de que seguía siendo demasiado blando.
—Está bien. Anuncio que, a partir de este momento, el gerente de Finanzas, Noé, queda oficialmente despedido.
Todos se quedaron en shock.

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