—Si mi abuela le dejó la empresa a nuestra rama de la familia, yo tengo derecho a ayudar a mi papá a poner orden. Si estas cuentas no se aclaran y dejamos que se roben el dinero como si nada, entonces mejor que ni exista Director General: que se lo regalen a alguien más. Si no estás de acuerdo, ve y díselo de frente a mi abuela —respondió Cecilia, sin ceder.
—Tú… —Isabel se quedó sin palabras.
—Ustedes dos… —Facundo los miró con rabia, decepcionado.
Venían a armar pleito… y ahora, ¿con qué cara?
—Mira, hermano… fue culpa mía por no supervisar bien. Dejemos esto así. A mí también me engañaron. Ya nos vamos —dijo Facundo, forzando una sonrisa.
Cecilia lo frenó:
—Facundo, ya es tarde. La policía viene en camino. Desviar dinero de la empresa es un delito.
Apenas lo dijo, llegaron policías: habían recibido un reporte y venían por Noé.
—¡Isabel, ayúdame! ¡Isabel! —Noé la miró suplicante.
—¡Cecilia, ya bájale! Noé es mi novio, ¿cómo te atreves a hacerle esto? —gritó Isabel.
—¿Ah, sí? ¿Tu novio? Entonces… ¿por qué andabas también detrás de Saúl? ¿No que muy fiel? —le reviró Cecilia.
—Tú… —Isabel se ahogó de coraje.
Noé solo era su plan B. Si lo de Saúl no se armaba, al menos tenía respaldo.
Thiago habló con voz dura:
—Oficiales, llévenselo.
—¡Isabel! ¡Isabel! —Noé no dejaba de gritar mientras se lo llevaban.
Isabel lo vio desaparecer y apretó los dientes.
—¡Ya verás, Cecilia!


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