Esto ya era el colmo.
Mientras Cecilia le daba vueltas al asunto, le sonó el celular a Thiago.
Era la abuela.
—Cici, tu abuela me acaba de marcar. Dice que regrese ahorita mismo. Me late que esto tiene que ver con Grupo Alcántara. Cuando salí, vi que Isabel acababa de entrar… ¿no me digas que ella consiguió el acuerdo? —preguntó Thiago, confundido.
—Papá, voy contigo. Vamos a ver qué está pasando —dijo Cecilia.
Quería ver con sus propios ojos qué demonios había pasado.
Era algo que ya tenía amarrado… ¿cómo podía salir tan mal?
A ese chamaco de Lorenzo había que darle un buen jalón de orejas.
Cecilia le marcó de inmediato.
***
En la casa de los Galindo, todo era risas y festejo.
La abuela miraba el contrato en sus manos, feliz.
—Isabel, jamás me imaginé que fueras tan capaz. Tú solita cerraste la colaboración con Grupo Alcántara. Nos dejaste muy bien parados. Yo siempre pensé que nomás sabías andar de fiesta y perder el tiempo… ya vi que no te conocía como creía.
Isabel, inflada de orgullo, respondió:
—Abuela, no exagere. Antes sí andaba bien alocada, pero cuando se trata de los intereses de la familia Galindo, yo sí me pongo las pilas. Conseguir esta colaboración estuvo dificilísimo, sobre todo con tantos competidores. Nosotros ni figurábamos… pero con mi esfuerzo, les gané a todos y la cerré.
La abuela le apretó la mano y no dejó de elogiarla.
—¡Bien, bien, bien! Santiago, aprende de tu hermana. Facundo, te salió una hija buenísima.
Hacía mucho que la abuela no se veía tan contenta.
Poder trabajar con Grupo Alcántara significaba que la familia Galindo por fin daba un primer paso real.
—Mamá, Isabel sí hizo algo grande esta vez. Yo también estoy contento —dijo Facundo, y Olivia asentía, encantada.

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