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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 28

—Sí… —Noa bajó la mirada, toda apenada.

—¿Has tenido novio antes?

Noa negó.

—No. Nunca.

En casa de los Galindo eran pobres, muchos en la casa, y su papá además estaba inválido.

Por eso nadie se acercaba a pedirla. A Teresa, la mayor, tampoco le presentaban a nadie.

La gente evitaba problemas.

Cuando Ismael escuchó que Noa no había tenido novio, se interesó al instante.

Entonces la jaló de la mano y la metió a un cuarto de descanso.

—Ismael… ¿qué haces? —preguntó Noa, nerviosa.

—Nada. ¿No que te gusto? Pues vamos a “platicar” a gusto.

La metió y empezó a arrancarle la ropa.

—Ismael… —Noa se asustó.

—¿Qué? ¿No que muy enamorada? Con esas dudas parece que nomás hablas por hablar.

Ismael fingió que se iba.

Noa no quería perder a un prometido así. Lo jaló.

—No… no te vayas…

—Eso. Así me gusta —Ismael sonrió, satisfecho.

—Me duele…

—Es normal. Aguanta.

***

Mónica y Cecilia también estaban cenando en ese restaurante.

—Cici, ya no estás como antes. Si te hace falta algo, dime —insistió Mónica.

Y justo detrás salió Noa.

Al verlos juntos, a Noa le ardió la sangre de celos.

—¿Tú qué haces aquí? —saltó—. Ya sé: supiste que hoy los Salinas y los Valdés se iban a ver para hablar de la boda, y viniste a hacer un escándalo.

—A ver si te queda claro: la hija biológica soy yo; tú no. Ismael es mi prometido. Ni se te ocurra seguir de encimosa, porque te va a ir mal.

Cecilia soltó una risa fría.

—Cállate. Te ven la cara y todavía los defiendes. He visto gente tonta, pero tú te pasas.

—¿A quién le dices…?

Ismael se acercó y abrazó a Noa por el hombro, presumido. Luego miró a Cecilia como queriendo picarla.

—¿Ya viste? Ahora Noa es la buena, y yo estoy con ella. Yo creía que me iba a casar contigo… y resultaste pura mentira.

Cecilia sonrió con burla.

—Pues felicidades. Tal para cual.

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