—Sí… —Noa bajó la mirada, toda apenada.
—¿Has tenido novio antes?
Noa negó.
—No. Nunca.
En casa de los Galindo eran pobres, muchos en la casa, y su papá además estaba inválido.
Por eso nadie se acercaba a pedirla. A Teresa, la mayor, tampoco le presentaban a nadie.
La gente evitaba problemas.
Cuando Ismael escuchó que Noa no había tenido novio, se interesó al instante.
Entonces la jaló de la mano y la metió a un cuarto de descanso.
—Ismael… ¿qué haces? —preguntó Noa, nerviosa.
—Nada. ¿No que te gusto? Pues vamos a “platicar” a gusto.
La metió y empezó a arrancarle la ropa.
—Ismael… —Noa se asustó.
—¿Qué? ¿No que muy enamorada? Con esas dudas parece que nomás hablas por hablar.
Ismael fingió que se iba.
Noa no quería perder a un prometido así. Lo jaló.
—No… no te vayas…
—Eso. Así me gusta —Ismael sonrió, satisfecho.
—Me duele…
—Es normal. Aguanta.
***
Mónica y Cecilia también estaban cenando en ese restaurante.
—Cici, ya no estás como antes. Si te hace falta algo, dime —insistió Mónica.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia