Noa se puso como loca.
—¡¿A quién estás insultando?!
—Al que le quede el saco.
—¡Tú lo que tienes es envidia! Como no puedes quedarte con Ismael, vienes a tirar veneno. Tú eres la falsa. Yo sí soy la verdadera. Ni sueñes con estar con él.
Cecilia solo lo encontró ridículo.
De verdad Noa lo veía como si fuera un premio.
Ismael de pronto se fijó en la bolsa que Cecilia traía.
—Ah, ya entendí. Vienes por comida… ¿qué, ya estás tan pobre que te llevas lo que sobra? —se carcajeó.
Noa también se sintió superior.
Los Galindo siempre habían sido pobres; y ahora, con Cecilia ahí, según ella, estaban peor.
«Qué bueno que me fui», pensó.
—No es tu asunto. Ocúpate de lo tuyo —dijo Cecilia.
Y con la bolsa en la mano, pasó y empujó a Ismael al cruzar.
Ismael sintió el golpe en el hombro y se enfureció.
—¡Cecilia! Te estás metiendo conmigo. Te juro que voy a hacer que tu familia no tenga un día tranquilo.
Cecilia se detuvo.
Se quedó un segundo en silencio… y siguió caminando.
Afuera sacó el celular y llamó a Lorenzo.
—¿Qué pasó, jefa?
—Investiga si ese Hinojosa, del Consorcio Piedra Clara, tiene relación con Ismael.
—Entendido. Ahorita lo reviso.

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