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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 32

Tenía una cara dura, de esas que no sonríen nunca y calculan todo.

Aun así, entre las cejas se parecía a Thiago.

—Mira nada más, Marina… por fin llegas. Ya nos hiciste esperarte —dijo Olivia Cabrera de Galindo, la esposa de Facundo Galindo.

Marina se apuró a quedar bien:

—Es que… en el camino se hizo un tráfico horrible en el camión y por eso…

—Mamá, le traje verdura recién cortada. La saqué hoy en la mañana, está bien fresca, sin químicos, es buena para la…

Otra mujer la interrumpió.

—Ay, ya, Marina. ¿Nos estás diciendo que aquí ni para verdura tenemos? Vienes y ni un regalo decente traes. ¿A qué vienes con esa basura? —soltó Helena Llorente de Galindo, la esposa de Patricio Galindo.

Los demás se rieron por lo bajito.

Marina bajó la mirada, sin saber qué decir, chiquita.

—Ya —ordenó la abuela—. Mayordomo, llévate eso. No me vayas a ensuciar el tapete.

Qué desagradable.

Tal para cual.

Cecilia vio a esas dos mujeres, todas llenas de joyas, creyéndose superiores.

Eran nueras igual que Marina. ¿Por qué su mamá no valía nada ahí?

Puro trato desigual.

La abuela clavó la mirada en Cecilia.

—¿Esta es la que recuperaron de los Valdés?

—Sí, es Cici. Cici, saluda a tu abuela —dijo Marina, empujándola tantito hacia adelante.

—Abuela —dijo Cecilia, sin ganas.

Solo porque era mayor.

—Y ellos son tu tío Facundo y tu tía Olivia. Y allá están tu tío Patricio y tu tía Helena.

Cecilia se quedó quieta, sin acercarse.

«Ah, con que por ahí va…»

Querían usarla para acercarse a los Valdés.

—No —contestó Cecilia, cortante.

Olivia se metió a regañarla:

—Mira, no es por nada, pero si ya encontraste a tus papás y aquí no hay tanta comodidad, lo lógico es que tus… tus otros papás les echen la mano. Con tantos años de “cariño”, ¿no? ¿O eso no lo entiendes?

Cecilia la miró helada.

—Pues ahí sí está mal. Hoy en día ni la sangre se ayuda… ahora imagínese alguien que ni es de tu familia.

Era un golpe directo: eran su mamá y sus dos hermanos, y aun así los habían corrido para vivir mal, mientras ellos se daban la gran vida.

—¿Y… y eso qué quiere decir…? —Olivia todavía no captaba.

—Ya cállate —la cortó la abuela.

***

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