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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 34

—¿Cómo que no?

Marina, chiquita, bajó la cabeza.

—Cici, tú siéntate. Yo me quedo aquí parada.

Así era siempre: a Marina la discriminaban.

Aunque se casó con Thiago, nunca la aceptaron.

En cada comida no había lugar para ella: la hacían quedarse a un lado y comer con el personal.

—Tu mamá no tiene “nivel” para sentarse aquí. Tú sí, porque eres sangre Galindo. ¿Y todavía te pones exquisita? —dijo Helena, con burla.

Cecilia azotó el tenedor contra la mesa.

El golpe retumbó. La mesa tembló y varios platos se movieron; hasta se tiró un poco de comida.

—Yo no sabía que a estas alturas todavía había gente que se cree con derecho de decidir quién vale y quién no. Si es así, ni como. Ya no como. Vámonos, mamá.

Puros miserables levantados.

—Ay, mamá, mire nada más qué actitud. ¡Casi me infarta del susto! —Helena corrió a acusarla.

—¡Alto! —ordenó la abuela.

Cecilia volteó, fría.

—¿Qué más?

—Vienes de una casa grande y aun así no tienes educación. No sabes comportarte. Aquí hay mayores y mira cómo te pones. ¿Así te educaron los Valdés?

Cecilia le contestó de frente:

—Cómo me educaron los Valdés no es asunto suyo. Además, yo no les debo nada: ustedes no me criaron ni un día. ¿Con qué cara me vienen a dar lecciones?

—Tú… tú… —la abuela se atragantó de coraje.

Nadie se le ponía al brinco. En esa casa su palabra mandaba.

—Marina, ¿vas a dejar que tu hija se rebele y le falte al respeto a la familia? —gritó la abuela.

Y azotó su bastón contra el piso.

Marina tembló y miró a Cecilia, insegura.

Cecilia le apretó la mano.

—Mamá, no tengas miedo. Estoy contigo.

Marina, al verla, se calmó un poco.

—Yo voy a hacerle caso a mi hija —dijo, mirando a la abuela.

—¡Ah, sí! Muy valientes. Ya se les subió. ¿Así me van a salir? ¡Que venga alguien! —tronó la abuela.

***

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