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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 394

Cecilia se sacudió la tierra de las manos y se puso de pie.

—¿Y tú misma dices que soy la prometida de Saúl? Entonces, en el futuro voy a ser la señora de esta casa. Y si la señora de esta casa quiere arrancar unas ramas de cebollín, ¿cuál es el drama? Si no te gusta, ve y acúsame con el señor Rivas.

—¡Tú de plano no tienes remedio! —Anaís estaba furiosa.

Aquel día, cuando Anaís la regañó en Grupo Rivas y Cecilia no dijo nada, creyó que era fácil de intimidar.

Pensó que, por venir de una familia sin tanto peso, se iba a sentir menos… y que ella podía aplastarla.

Quién iba a pensar que Cecilia era así de descarada.

¡Plap, plap, plap!

Se escucharon aplausos.

Cecilia volteó y vio que Kevin había llegado.

—Qué espectáculo —dijo Kevin, con cara de estar disfrutando.

Después de lo que pasó la vez pasada en el huerto, todavía se atrevía a aparecer.

—Anaís, mira: Saúl ya tiene prometida. Mejor vente conmigo. Así tú también serías la señora de esta casa, y estarías al mismo nivel que ella.

Mientras hablaba, Kevin se acercó y quiso tocarle la cara a Anaís.

Ese tipo era un coqueto barato; le encantaba andar molestando.

—¡Quítate! —Anaís le apartó la mano de un manotazo.

Y lo miró con asco.

Se notaba que tampoco lo soportaba.

Cecilia ni le hizo caso. Vio que esas verduras también estaban buenas y fue a arrancar dos.

—No te enojes. La que te está faltando al respeto es ella, no yo —le dijo Kevin a Anaís.

—Hmp —bufó Anaís.

No se atrevía a meterse con Kevin; la señora Lamas también era de cuidado.

Kevin entonces se fijó en Cecilia.

—Señorita Galindo, si le gustan las verduras, yo le mando que le lleven una camioneta llena.

—No, gracias. A mí me gusta escogerlas yo.

Kevin se acercó, estiró la mano y quiso agarrarle la mano a Cecilia para ayudarla a arrancar.

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