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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 426

La mujer cruzó los brazos y barrió a Teresa con la mirada.

—¡A ver, límpiamelos! Déjalos impecables ahorita mismo y lo dejamos así.

—¿Qué…? —Teresa se quedó helada.

No se esperaba toparse con una tipa tan agresiva.

—¿Cómo que se los limpie? ¡No te pases, ella no lo hizo a propósito! —Sebastián llegó corriendo desde atrás.

Se puso frente a Teresa, cubriéndola.

La mujer lo miró de arriba abajo.

—Ay, míralo… ¿muy valiente, “rescatando” a la damisela? ¿Y tú qué? ¿A poco sí crees que la vas a poder proteger?

—¡Ya te pidió perdón! Y si es por el zapato, dinos cuánto cuesta. Te lo pagamos.

—¿Pagar? —La mujer soltó una risa de desprecio—. Chamaco mugroso, te aviso: no te alcanza.

—Teresa, vámonos. No voy a estar hablando con gente así —dijo Sebastián, jalándola para irse.

Las amigas de la mujer se les atravesaron de inmediato.

—¿Qué, pisaste los zapatos de Claudia y ya te quieres ir? No, mi ciela. Así no funciona.

—Sebastián, tú vete… esto es cosa mía, no tiene nada que ver contigo —le dijo Teresa, incómoda. No quería meterlo en problemas.

—¿Cómo me voy a ir? Si me voy, ¿qué clase de hombre soy? Hoy me quedo contigo, sí o sí.

La terquedad de Sebastián hizo que a Teresa se le moviera algo por dentro.

En eso, Cecilia y Saúl escucharon el pleito y salieron también.

—Teresa, ¿qué pasó? —preguntó Cecilia.

Como eran pocas piezas, la gente lo veía como algo de lujo, justo lo que buscan los que tienen lana: presumir que consiguieron algo que casi nadie puede conseguir.

Ese año, Cecilia diseñó unas zapatillas rojas, de estilo para “socialité”.

Solo diez pares en todo el mundo.

Y esa mujer tenía uno… así que su respaldo no debía ser poca cosa. Una persona normal ni de chiste consigue ese modelo.

—A ver, pueblerina —dijo la mujer, encantada consigo misma—. ¿Ya viste qué finura? Y ahora tu amiga me lo dejó marcado. Mira la rayita. ¿Con qué me vas a pagar?

—Señorita —intervino Sebastián, buscando una salida—, el zapato es de Estudio Cobalto… mi novia justo trabaja como diseñadora ahí. ¿Qué tal si ella le diseña un par nuevo? Y ya, lo dejamos en paz.

—¡Ja! —La mujer lo miró como si le diera asco—. ¿Una diseñadora cualquiera cree que me va a “resolver”? Estos son de Elisa. ¿Ella le llega a Elisa? No inventes.

***

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