El director miró hacia abajo.
Marina se levantó, nerviosa.
—Yo… yo soy la mamá de Benjamín.
Todos voltearon. Era una señora sencilla y humilde.
Marina se robó todas las miradas… pero eran miradas de admiración.
Quién tuviera un hijo así.
—Sra. Marina, por favor suba y compártanos cómo educó a su hijo. ¡Un aplauso!
Marina se quedó helada.
¿También tenía que hablar? Nadie le había dicho.
—Helena, ¿quién es ella? Criar a un hijo tan brillante… Esa beca es dificilísima de conseguir, ¡y encima lleva ganando el primer lugar a nivel estatal de forma consecutiva! ¡Es increíble! —preguntó la señora Chávez a Helena, que estaba a su lado.
Helena se sintió bastante incómoda y no supo qué contestar.
A fin de cuentas, todos llevaban el apellido Galindo y eran de la misma familia, pero su propio hijo había quedado en los últimos lugares de la clase. ¡Y pensar que el hijo de Marina no soltaba el primer lugar!
—Señora Chávez, yo sé quién es. Creo que es la esposa del hijo mayor de los Galindo, ¡su esposo es Thiago! —le explicó otra de las mujeres que estaba cerca.
—Ah, con razón. Es de la familia Galindo… Oye, Helena, ¿que no es tu cuñada? —preguntó la señora Chávez con curiosidad—. Deberías conocerla, ¿no?
Helena se sintió aún más avergonzada.
—La familia de Thiago se mudó hace mucho tiempo y casi no tienen contacto con el resto de nosotros, así que, la verdad, no sé mucho de ellos.
—Híjole, pues si yo tuviera una cuñada así, le pediría consejos sobre cómo educar a los hijos —comentó la señora Chávez—. El mío es un desastre, se la pasa haciendo berrinches, se mete en problemas y sus calificaciones están por los suelos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia