Berta andaba saludando y echando plática con sus excompañeros.
Una de las chicas, Verónica, al verla le dedicó una mirada de puro desprecio.
Años atrás, ella y Berta habían tenido sus roces.
—Berta, ya casi te toca salir a hacer prácticas, ¿no? ¿A qué empresa piensas irte de practicante cuando te gradúes de la uni? —preguntó alguien.
Berta lo pensó un momento.
—Tal vez a Estudio Cobalto.
—¿Qué? ¿Estudio Cobalto? ¿De practicante ahí? ¡No cualquiera entra! ¿Y tú qué vas a hacer allá?
Berta sonrió.
—Estudié diseño. Obvio voy a diseñar ropa.
—¡No manches! ¡Berta, eres una fregona! Cuando te vaya increíble, no te olvides de mí.
—¡Y de mí también! De todo el salón, tú eres la que mejor la ha armado. Un montón ya ni estudia, y de los que siguen en la uni, tú sí saliste bien aplicada.
Al verlos tan impresionados, Berta se sintió feliz.
Entonces Verónica soltó:
—Berta, ¿de verdad sigues estudiando? Yo escuché que hace tiempo andabas acompañando a un empresario a tomar… que te estaba manteniendo. Hasta llegaron fotos a la escuela. Yo también estudié ahí, aunque estuviéramos en carreras distintas.
Berta volteó a verla, sin esperarse que se fuera tan directo, sin tantita pena.
Respondió con calma:
—Eso es puro chisme. Ni siquiera tengo novio. Nadie me mantiene.
—¿Ah sí? Pues eso todavía se puede buscar en internet. Cualquiera lo checa y ya.
Berta se molestó.
—¿De Estudio Cobalto? Yo digo que es pirata. El original no es así.
—¿Tú cómo sabes? —preguntó alguien.
—Porque yo tengo el mismo, nomás que ya me aburrí y ni lo uso. El de Berta, aunque está bien hecho, en los detalles se nota: por ejemplo, el bordado de la cintura no coincide. Los de Estudio Cobalto siempre tienen cosas bien especiales, no es tan fácil copiarlos al cien. Miren, les enseño una foto y van a ver.
Verónica sacó su celular y mostró la imagen.
Todos compararon con el vestido de Berta y sí: se notaban detalles medio chafitas.
—Ah, entonces sí es pirata… Berta, ¿no será que te vieron la cara por quererlo más barato? —preguntó alguien.
A Berta se le subió el calor a la cara.
—¡No! ¡Este sí es original!
—Ajá… Si es original, me trago mis palabras. ¿Te animas a que lo verifiquen? —se burló Verónica.

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