Nuria murmuró algo y se fue.
Entre más lo pensaba, más raro se le hacía: Lorenzo había andado misterioso todo el día. Ni siquiera llevó a su asistente, solo a Yolanda.
Qué extraño.
—¿Ah, no me quieres decir? ¿A poco crees que no lo puedo investigar? —se negó a quedarse con la duda.
Decidió averiguar a escondidas a dónde había ido Lorenzo.
Y descubrió que ese día había estado en Fuego y Aroma.
Y que tenía algo que ver con una mujer llamada Berta.
¡Lorenzo la había llevado personalmente a su casa!
A Nuria le empezó a arder el pecho de celos. Esa Berta podía convertirse en su mayor amenaza.
Hasta donde ella sabía, aparte de Yolanda, Lorenzo no era cercano a ninguna mujer.
Que él mismo la hubiera llevado… eso significaba que Berta no era cualquier persona para él.
Nuria siempre creyó que Lorenzo era un hombre frío, imposible de acercarse.
¿Y esa Berta qué tenía?
¿Cómo logró que Lorenzo, tan orgulloso y distante, la llevara a su casa?
¡La iba a volver loca!
…
Al día siguiente, Cecilia fue a la escuela.
Desde temprano, Berta la interceptó.
—¿Se te ofrece algo? —preguntó Cecilia.
Berta la miró fijo.
—Sí.
—¿Me vas a invitar el desayuno?
—Ay, sí, cómo no. A ver, dime la neta: lo de ayer… ¿fuiste tú, verdad?
—No sé de qué hablas.

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