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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 488

Berta había creído eso de que un padre no le hace daño a su hija… pero se había engañado sola.

Lionel era más frío de lo que imaginaba.

Los guardaespaldas la inmovilizaron. Le agarraron el brazo y se acercaron a ella con intenciones de quebrarle el brazo a la fuerza.

No… no podía… no podía quedar inútil…

A Berta le zumbaba la cabeza. A un lado, Florencia la miraba con esa cara de triunfo.

—¿Qué esperan? ¿No oyeron al señor? ¡Rómpanle el brazo! Que pruebe lo que se siente. ¡Cómo se atreve a irse contra su propia hermana! —gritó Florencia.

Justo cuando el martillo iba a bajar, a Berta se le prendió el foco.

—¡Espérense! ¡Tengo algo que decir!

—¿Y ahora qué?

—No pueden tocarme. Si me tocan, ustedes tampoco la van a librar —dijo Berta, levantando la barbilla.

—¿Estás loca? Un padre corrigiendo a su hija es lo más normal. ¿Quién se va a meter con la familia Solano? —Lionel no le creyó.

—Lorenzo. Él sí se va a meter. Yo soy de Lorenzo.

Lionel se quedó tieso.

Florencia, con miedo de que la soltaran, se apresuró:

—Amor, no le creas. Esta chamaca es bien mañosa. ¿Cuál Lorenzo? Seguro solo quiere ganar tiempo…

Lionel levantó la mano para callarla.

—¿Qué Lorenzo? —preguntó, alerta.

Berta sonrió, presumida.

—El de Grupo Alcántara. ¿Cuál otro crees?

—¿El Lorenzo de Grupo Alcántara? ¿Tú lo conoces?

—¡Claro que lo conozco! Yo soy de él. Si me tocas un pelo, te va a hacer pedazos… y ni le va a importar quién seas. El dinero de Grupo Alcántara… tú con diez empresas como Grupo Solano no le llegas.

Lionel se quedó callado.

Abrió la galería.

Menos mal que ese día se había tomado fotos. Ella pensaba presumirlas en la escuela… y ni chance le dio. Ahora sí le servían.

—¿Ya viste? Esta es la prueba. Yo soy la mujer de Lorenzo. Aquí está la foto. ¿Qué mejor prueba quieres?

Lionel la miró. En la foto sí se veía la cara de Lorenzo.

Se la habían tomado dentro de un carro. Berta estaba recargada en él, sonriendo.

Se veían como pareja.

Florencia se puso pálida.

—No, amor… esta chamaca es bien tramposa. Seguro lo editó. ¡Eso no es real! ¡Es falso!

—Si crees que está editada, traigan a alguien a revisarla. Yo no le saco.

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