—¿Encima me echa la culpa a mí? ¿Eso es justo?
Aitana, en pijama, cruzó los brazos y soltó una risa fría.
—¿A quién quieres que culpe, a mí? No sé qué mala suerte tuvimos para que te metieras a esta familia. Mi hijo estaba bien con Teresa. Si tú no te hubieras metido, no estaríamos así. Te lo buscaste. Desde que apareciste, todo es bronca.
Dicho eso, Aitana se metió a su cuarto.
—¡Aaah! —Isabel gritó del coraje.
Peor noche de bodas, imposible.
Su marido casi la estranguló y luego se fue; su suegra todavía le dio el avión. Estaba que se la llevaba el diablo.
De regreso en el cuarto, volvió a agarrar el celular y le marcó a Olivia.
Olivia estaba entre dormida cuando sonó el teléfono.
—Mamá, yo así no puedo. No tienes idea de lo pasado de lanza que fue Sebastián, y mi suegra… ella—
—¡Ya basta! —Olivia la interrumpió, harta—. Apenas es tu primer día casada y ya traes un drama interminable. Es madrugada. Tú no duermes, pero yo sí. Tú lo elegiste, ahora te aguantas. No me estés fastidiando.
Y colgó, apagando el celular.
Isabel, al ver que ni su propia mamá la pelaba, se enojó todavía más.
…
En la casa de los Solano.
Berta Solano llegó y notó la cara rara de los empleados. Algo pasaba.
Subió corriendo.
—¡Este cuarto es mío! ¡Saquen las cosas de esa vieja! ¡Quiero todo afuera, ya! —gritaba Natalia Solano, recién de vuelta.
—¿Qué? ¿Todavía no se te cura la mano? Apenas te la arreglaron y ya andas de bravucona… ¿o ya no la quieres?
Traía el brazo en cabestrillo y aun así regresó a pelear por un cuarto.
—¡Eres una cualquiera! ¿Por qué me quitas mis cosas? Hoy mismo te me largas de esta casa. ¡Lárgate!
—¿Qué está pasando? —Lionel Solano y Florencia acababan de llegar. Al escuchar el escándalo, se acercaron.
Berta se adelantó:
—Papá, señora… Natalia dice que le deje el cuarto y que me vaya de la familia. Perdón… yo sabía que no debí regresar. Papá, si de verdad no me quieren aquí, mejor me voy.
Natalia también se lanzó a llorar.
—¡Papá, ese cuarto es mío! Yo lo mandé diseñar. ¿Por qué se lo vas a dar a esa vieja? ¡Yo soy tu hija! ¡Sácala! ¡No la quiero ver! ¡Ella me rompió la mano! Mira, todavía la traigo colgada.

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