A Nuria se le vino el mundo encima.
—Director Urbina… yo… yo no lo estoy siguiendo. Vine con mis amigas. Lo vi por casualidad y solo quise saludar…
Lorenzo reaccionó.
—Perdón, me confundí. Diviértete. Yo ya me voy.
—¿Director Urbina quedó de verse con alguien? —preguntó Nuria, sin poder evitarlo.
—Sí.
—¿Es… es con la señorita Solano? —se atrevió a preguntar otra vez.
—Sí. Y Nuria, te lo digo de una vez: hay cosas de tu jefe que no tienes por qué estar investigando. Saber de más no te conviene.
—Sí, director Urbina, ya entendí. Que se la pase bien —dijo Nuria, desanimada.
—¿Qué te dijo tu director Urbina? —preguntó una amiga cuando se acercó.
Nuria escondió la decepción y sonrió.
—Nada. Solo me dijo que tuviera cuidado; que una, como mujer, tiene que saber cuidarse cuando sale.
—Qué lindo, qué detallista. Nuria, si se porta así contigo… ¿no será que le gustas?
Nuria se puso roja.
—Ya, no digan tonterías… no es eso…
—Ay, claro que sí. “Agua que no has de beber…” No, mira: tú estás pegada a él todo el día; con el tiempo se encariña. Por eso te cuida tanto. Nuria, cuando sea tu boda con el director Urbina, me invitas, ¿eh?
Entre halagos y porras, Nuria se infló… pero por dentro le sabía amargo.
Ella sabía perfectamente cómo era Lorenzo con ella.
Y aun así no entendía: esa Berta no le llegaba ni a los talones… ¿por qué ella sí podía llamar su atención?
Le ardía.
***
Lorenzo abrió la puerta del privado. Adentro estaba el ambiente prendidísimo.
En cuanto lo vieron en la entrada, todos se callaron.
Berta fue la primera en levantarse.
—Director Urbina, ¿usted casi no viene a antros, verdad? —preguntó Berta, notándolo.
—No. Este lugar está bien feo. No tiene chiste.
A Berta se le torció la boca. Lorenzo sí era raro.
Hoy en día, ¿qué joven o qué empresario no se la vive en estos lugares?
Lorenzo era la excepción.
—Perdón por llegar tarde —se escuchó la voz de Cecilia.
La mirada de Lorenzo se fue directo a la puerta.
Primero se iluminó… y luego se le apagó la expresión.
Porque Cecilia venía con Saúl, y Saúl la traía de la mano.
—Cecilia, director Rivas, por llegar tarde les toca castigo: tres shots —bromeó Berta.
—Va. Tres —aceptó Saúl.
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