En eso, se escucharon las voces de todos comentando.
—La neta, nunca me lo hubiera imaginado… que hubiera sido Aarón.
—Desde antes andaba detrás de Maribel y como lo bateó, se ardió. ¡Qué miedo de tipo!
—Menos mal que cuando yo lo busqué, ni me peló. Si no… ni quiero imaginar cómo me habría ido con un hombre así.
—Qué bajeza, hacerle eso a una compañera. Al rato, si le caemos mal a cualquiera, nos va a querer hacer lo mismo.
—Aguas con esa gente. ¿Cómo es posible que en el área tengamos a alguien así?
Al ver que todos lo miraban con desprecio, Aarón se puso nervioso.
Él estaba esperando ver a Mónica hacer el ridículo… y al final el payaso resultó ser él.
—No… no fui yo… no fui yo… —balbuceó, sin saber ni cómo explicarse.
Entonces, varios jefes voltearon a ver al Sr. Montes.
—Sr. Montes, no esperábamos que en su área hubiera alguien capaz de tenderle una trampa así a un compañero. ¿Quién sabe qué más podría hacer después, incluso traicionar a la empresa?
El Sr. Montes también se alteró y le soltó un regaño a Liliana:
—Sra. Liliana, ¿así controla a su gente? ¡A Aarón le tocaba a usted supervisarlo!
Qué buena manera de aventarle la bolita.
De un jalón, le encajaron la responsabilidad a Liliana.
Liliana se apresuró a dar la cara y a disculparse:
—Una disculpa, jefes. Fue mi culpa por no manejar bien al equipo.
Al final, levantaron la junta sin regaños de más. Era evidente que el Sr. Montes se encargaría.
El Sr. Montes miró a Aarón y dijo, sin alzar la voz:
—Eres una pinche víbora. ¡Ojalá te vaya de la chingada! ¡Maldita! ¡Qué asco das! ¡Todavía te pones a instalar cámaras a escondidas!
—Aarón, el que la hace, la paga. Esto no tiene nada que ver conmigo: tú te lo buscaste. ¿Tú sí puedes hacerme cosas a escondidas y yo no puedo defenderme? Mejor apúrate a recoger tus cosas y ve a Recursos Humanos. Si te tardas, ya hasta van a estar cerrando.
—¡Ya vas a ver! —amenazó, sin tragarse el coraje.
Todavía tenía en la mano el chisme de que Mónica “tenía patrocinador”, y pensaba usarlo bien.
Aarón fue a buscar a Liliana en corto.
—Liliana, ahora sí ayúdeme. ¡Yo hice todo tal cual usted me dijo! —le reclamó.
En la junta no la había quemado… justo porque esperaba que ella lo sacara del hoyo.
—Aarón, yo también quisiera ayudarte, pero te agarraron. Yo no puedo hacer nada… apenas soy supervisora.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia