Y él, como si nada, agarró un mechón del cabello de Cecilia y se puso a jugar con él, entretenido.
Cecilia no se quejó de lo sucio que estaba.
De niña, ella había estado peor, y su maestro jamás la despreció por eso.
Como media hora después, por fin se escuchó movimiento en la entrada.
—Oficial, una disculpa por las molestias. ¿Dónde está? —preguntó la persona que llegó.
—Adentro. Llévenselo ya. Y la próxima, cuídenlo bien. Por suerte alguien lo encontró y lo trajo; si no, ¿dónde lo iban a buscar? —regañó el policía.
—Sí, gracias.
Cecilia creyó que por fin se iba a ir, pero al levantar la vista vio que quien entraba era Claudia.
No pudo evitar sorprenderse.
Claudia, al ver a Cecilia con Leandro, también se quedó impactada.
—Cecilia… ¿qué haces aquí? —preguntó, incrédula.
Cecilia frunció el ceño.
—¿Tú vienes por él?
Señaló al hombre a su lado.
Claudia no respondió. Vio que Leandro se escondía detrás de Cecilia, todavía agarrándole la ropa.
Claudia se acercó sin ninguna delicadeza.
—Ya, hermano. Vámonos.
¿Hermano?
Cecilia se quedó en shock.
¿Ese “tonto” era el hermano de Claudia?
Entonces… ¿era el hijo que la señora Ledesma tenía fuera?
Claudia lo jaló del brazo.
—Ya, hermano, vámonos. Te dije que no te salieras. Siempre lo mismo: siempre tengo que venir por ti. Qué hueva. ¿No puedes darme un respiro? De verdad… no tienes remedio.
—Cici… Cici… señorita Cici… quiero a Cici… —Leandro lloriqueó—. Quiero a Cici…
Se aferró a la ropa de Cecilia y no la soltó.
Cecilia ya conocía el carácter de Claudia y no se puso a discutir.
Por cómo se veía, Claudia odiaba a su hermano porque le daba vergüenza.
Pero al final era su sangre, y no podía desentenderse. Traía la cara llena de cansancio y resignación.
Por eso no dejaba de decirle “tonto”.
No tardaron en llegar con la familia Rivas.
—Hermano, bájate —dijo Claudia.
Leandro seguía aferrado a la ropa de Cecilia. Hasta brincaba de gusto.
—Señorita bonita…
Claudia, al verlo, soltó con fastidio:
—Qué inútil… ¿por qué me tuvo que tocar un hermano así?
Ya dentro, la señora Ledesma vio a su hijo y se quedó helada.
—Claudia… ¿por qué trajiste a tu hermano aquí? ¿Qué le pasó? —preguntó Valeria.

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