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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 620

—El primer año, después de que cambió, sí se quedó con la familia Rivas, conmigo. Pero yo no puedo estar encima de él todo el tiempo. Del lado de Zoe, Kevin lo molestaba a cada rato: se burlaba, lo traía de juguete. Hasta los empleados, cuando yo no estaba, lo trataban como si no valiera nada.

—Y como no estaba bien de la cabeza, Kevin lo manipulaba para que hiciera cosas que enfurecían a su papá. La casa era un caos. Ya no pude… por eso lo mandé fuera, con gente de confianza, pensando que lo iban a cuidar bien, que nadie lo iba a usar ni a maltratar. Pero como es así… a cada rato se pierde. Ya lo hemos salido a buscar varias veces. Por eso, qué suerte que tú lo viste y lo llevaste a la comisaría. Si no, quién sabe qué le habrían hecho afuera y ni nos enteramos.

Cecilia no podía creer que Leandro, siendo de la familia Rivas, viviera así.

—Señora Ledesma, no se torture. Dicen que la gente así también tiene su suerte. Yo creo que el señor Leandro es una persona con fortuna… su mundo es más puro. No carga con tantas cosas como nosotros. Mientras esté bien comido, bien abrigado, él es feliz.

Valeria sonrió, con un alivio triste.

—Ojalá sea como dices.

—Pero sí… se ve que Leandro contigo tuvo química. Fue verte y se te pegó; no quería que te fueras.

—A lo mejor porque lo ayudé. Me imagino que sí entiende cuando alguien es bueno con él.

Al rato, Leandro bajó corriendo y se fue directo con Cecilia, pegándosele.

—Cici… señorita Cici, sí estabas aquí… je, je…

Cecilia se quedó impactada al verlo ya limpio.

Después de bañarse, Leandro era guapo, de facciones finas, y sus ojos y cejas recordaban un poco a Saúl.

Con ropa casual, se veía demasiado bien.

No tenía nada que ver con el chavito mugroso de antes.

Cecilia no pudo evitar pensar que esa familia tenía buenos genes.

Qué desperdicio… con esa cara, si estuviera en el medio artístico, sería de los que impresionan a cualquiera.

Pero no: el golpe le dejó la mente dañada.

—Dalila, detén al señor, por favor. ¿Cómo se pone así? Márcale a Laura para que venga por él y se lo lleve —ordenó Valeria.

—Señor, suelte a la señorita Galindo. Yo lo llevo de regreso —insistió Dalila.

—¡No quiero regresar! ¡No quiero! ¡Quiero que la señorita Cici baile conmigo! ¡Que juegue conmigo! —gritó, como niño.

A Cecilia ya le dolía la cabeza.

—¡Ya! —le dijo, alzando la voz.

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