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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 689

Cecilia lo tranquilizó y pidió que le llevaran algo de comer.

Luego fue a ver a la señora Ledesma.

—Señorita Galindo, qué bárbara. Con dos palabras dejó al señor Leandro bien calmado. Parece que a usted sí le hace caso —dijo Dalila, impresionada.

—Dalila, ya quedé con él en venir cada fin de semana. Con eso ya no debería ponerse tan mal. Y no lo tengan encerrado todo el día; sáquenlo a caminar un poco. Así no se va a desesperar… al final, es como un niño chiquito.

—Sí, lo voy a tener presente.

Cecilia entró al cuarto de la señora Ledesma y vio que, efectivamente, se veía mal.

—Señora, la señorita Galindo ya llegó —avisó Dalila.

—Cecilia, discúlpame la molestia… otra vez te hice venir.

—No se preocupe. Déjeme checarla, a ver cómo va.

Cecilia le tomó el pulso con cuidado y notó que estaba mucho peor que antes.

Pero para tranquilizarla, dijo:

—Señora, no es nada grave. Solo necesita descansar. Ahorita mando que le traigan el medicamento; si lo toma en la noche, se va a sentir mejor.

—Gracias… de verdad.

Dalila dijo, aliviada:

—Señorita Galindo, qué impresionante… le atinó perfecto. La señora estos días no ha podido dormir nada.

—Dalila, ya no digas de más —le pidió Valeria.

—¿Y tú con qué derecho me vienes a decir qué hacer? —le soltó Saúl, con la voz fría.

—¿Cómo que con qué derecho? Soy tu mamá. ¿Cómo no voy a tener derecho?

A Saúl le dio risa, amarga.

—¿De verdad sigues siendo mi mamá? Además de parirme, ¿qué me diste? De niño no me cargaste ni una vez, no me diste de comer con tus manos ni una sola vez, jamás me felicitaste por nada. Para ti, yo era un cero a la izquierda. ¿Tú sí sabes cómo he vivido todos estos años o no?

—Tú… —Ainhoa no esperaba que Saúl le dijera eso.

—¿Qué? ¿Lo vas a negar? Siempre dices “mi hijo”, pero yo te pregunto: ¿por qué eres así de parcial? Joaquín y yo somos tus hijos. A él le diste todo tu cariño y a mí ni me veías. Más de veinte años te obedecí y aun así nunca me quisiste. Entonces… ¿para qué me controlas?

—¿Que yo no te quiero? Es que tú nunca fuiste suficiente. Por una mujer me vienes a alzar la voz… ¿eso es lo que hace un hijo? —lo regañó Ainhoa.

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