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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 708

Saúl conocía demasiado bien a Cristian.

Era un tipo con una necesidad enfermiza de controlar todo.

Y también sabía que Cristian no era de fiar: en sus ojos solo existía Kevin Rivas. Tarde o temprano, lo iban a hacer a un lado.

Antes lo trataba bien porque le servía: quería usar su capacidad.

Y durante esos años, Saúl también se aprovechó de Grupo Rivas para sacar lo suyo. Estaban a mano.

La empresa que él y Dante tenían por fuera no podía salir a la luz. Era su último secreto.

Podía perder la influencia y el estatus dentro de la familia Rivas, pero no esas compañías en el extranjero.

Si las perdía, ¿con qué iba a darle a Cecilia un buen futuro?

—Ya firmé lo que faltaba. Llévatelo. Y si no hay algo urgente, no me estés fastidiando.

—Mírate nada más. Desde temprano traes cara de felicidad, como de que quedaste bien a gusto… ¿a poco anoche sí te acostaste con la señorita Galindo?

Saúl frunció el ceño. ¿De verdad era tan obvio?

Dante ya lo tenía clarísimo.

—No, pues qué bárbaro. Veintitantos años y por fin se te hizo el milagro. Felicidades, ya sabes lo que es bueno.

Saúl le aventó una mirada filosa y le tiró los papeles encima.

Dante recibió el golpe y estaba a nada de decirle que se ardió, pero Saúl ya se había bajado.

Solo le dejó la espalda.

—Qué miedo dan los hombres enamorados —murmuró Dante, haciendo un gesto, y se compuso.

-

Cecilia llegó a la oficina. Por lo de ayer, todos ahí la evitaban.

Nadie se atrevía a decirle nada.

Pero Miriam seguía con su mala actitud: le encajaba trabajo pesado a cada rato.

En el descanso de la mañana, Saúl entró con un pastelito.

Se acercó a Cecilia.

—Ya, vete. Si te ven, van a decir que para ser repartidor traes demasiado show.

Cecilia notó que varios ya estaban volteando.

—Va, ya me fui. Cómalo despacito. Que lo disfrute. —Saúl la miró una vez más y se fue.

Miriam lo vio y dijo con desdén:

—Uf. Ni al repartidor lo deja en paz. Qué barbaridad.

Isidora no se aguantó:

—Pues la neta sí está guapo el repartidor. ¿Así de competido está todo? Hasta los repartidores ya vienen bien carita.

—Sí, yo también lo vi. Ni sé cómo se llama, pero la próxima que pida algo, voy a pedir que lo traiga él.

Varias compañeras, todas emocionadas, se reían bajito.

Una agregó:

—Oigan… ¿no se parece al director de Grupo Rivas?

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