Seguramente estaban muertos de miedo de que la abuela de verdad le fuera a heredar algo de la fortuna familiar en privado a Thiago.
Ahora, en la habitación, solo quedaban madre e hijo.
—Mamá, dime lo que me tengas que decir.
—Hijo mío, he vivido muchos años y hasta ahora me doy cuenta de lo ciega que estaba —dijo la abuela—. Creí que sabía leer a la gente, pero me equivoqué. Me equivoqué desde el principio. No debí ser tan injusta con ustedes, sobre todo contigo y con Cecilia. De los tres hermanos, solo tú eres el más inteligente; heredaste mi intelecto y el de tu padre. Facundo y Patricio son unos inútiles. Por fin lo veo con claridad.
—Además, eres el que tiene mejor corazón. Eres bondadoso y tanto para tratar a las personas como para los negocios, ¡eres el mejor de todos!
Thiago bajó la mirada y preguntó:
—¿Entonces por qué me despreciabas tanto? Recuerdo que cuando era niño tenías grandes expectativas sobre mí, pero de un momento a otro empezaste a odiarme. Sobre todo después de casarme con Marina, tu rechazo creció al punto de echarme de la familia.
Esa era una duda que Thiago había guardado en su corazón por años. Nunca logró entender por qué sucedieron así las cosas.
La anciana suspiró con pesadez.
—Hoy te diré la razón. Es porque te pareces demasiado a tu padre. De los tres, eres el único que es su viva imagen. Cada vez que te veía, lo recordaba a él en todo momento. Era como tener una espina clavada en la espalda; ¡me causaba un dolor insoportable!
Thiago se quedó pasmado.
—Incluso llegó a decir que le dejaría la mitad de la fortuna de los Galindo. ¡Hasta tenía preparado el testamento! ¡Lo odié con toda mi alma! Yo le había dado tres hijos, ¿por qué me hacía algo así? ¿Por qué me había mentido todo este tiempo? ¡Si no me amaba, no debió casarse conmigo!
Ese día, ella entró al despacho y volvieron a discutir acaloradamente.
—¡Leonel Galindo, por qué me engañaste! —le gritó—. ¡Te casaste conmigo solo para guardar las apariencias, pero en el fondo eres un descarado!
Leonel le respondió:
—Ya que lo sabes, no tengo por qué ocultártelo. Me casé contigo porque mi familia me obligó. Con solo casarme y asegurar la descendencia de los Galindo, podría hacer lo que quisiera después. ¿O de verdad creíste que te habría elegido por gusto?

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