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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 845

Tras lograr abrir la puerta del despacho, los dos hermanos entraron.

Todo estaba impecable. A decir verdad, en todos los años que llevaban vivos, era la primera vez que ponían un pie allí.

Cuando eran niños, Santiago se coló una vez por mera curiosidad. Al enterarse, la abuela le dio una paliza fenomenal.

Desde entonces, quedó muy claro para todos: sin el permiso explícito de la anciana, nadie entraba a ese estudio.

—Oye, hermano, ¿ese jarrón será una antigüedad? —preguntó Isabel.

—¡Seguro que sí! —Santiago lo tomó y lo guardó con mucho cuidado dentro de una caja.

Estaban decididos a saquear el lugar entero.

—Pero mira… aparte de un par de floreros, no se ve nada interesante por aquí. ¿Por qué la abuela nos prohibía tanto entrar? —comentó Isabel, intrigada.

—¡Debe haber un compartimiento secreto! En las películas siempre hay botones ocultos en los despachos. ¡Sigue buscando!

Se pusieron a dar golpecitos por todas las paredes y muebles de la habitación.

De repente, Isabel golpeó un muro y notó que el sonido era distinto.

—¡Hermano, escucha! Suena hueco. ¿Crees que haya una caja fuerte escondida con todo el dinero?

—¡Eso creo! ¡Pásame el martillo, lo voy a romper!

Acto seguido, Santiago empezó a golpear la pared con fuerza.

—¡Shh! No hagas tanto ruido. ¿Qué pasa si el tío Patricio nos escucha y viene a quitárnoslo?

Los hermanos, actuando como ladrones asustadizos, lograron por fin abrir un boquete en el muro.

—¡Te lo dije! ¡Aquí escondía el tesoro!

Ante ellos apareció un baúl de madera, que sacaron apresurados y llenos de euforia.

—¡Ya la hicimos! ¡Nos volvimos ricos! Si estaba tan bien escondido, ¡seguro vale millones! —gritó Isabel, emocionada.

El baúl tenía un candado oxidado que Santiago destrozó de un solo martillazo.

¡Crack!

El baúl se sacudió.

Ante semejante macabro descubrimiento, nadie sabía qué hacer.

—Creo que deberíamos llamarle a Thiago y preguntarle qué está pasando —sugirió Facundo.

A la hora de lidiar con problemas graves, todos se lavaban las manos y acudían a Thiago.

Sin perder tiempo, Facundo sacó su celular.

Helena, por su parte, se cruzó de brazos y espetó con desprecio:

—A ver, Santiago, Isabel. ¿Qué estaban haciendo aquí? ¿Querían robarse las cosas de la abuela a escondidas? Todavía ni nos repartimos la herencia y ustedes ya andan de rateros. ¡Qué poca vergüenza!

Olivia saltó a defender a los suyos de inmediato:

—¡Helena, no digas estupideces! ¿Cuáles rateros? Santiago e Isabel solo entraron a echar un vistazo.

—¡Ja! ¿Un vistazo? Rompieron la cerradura de la puerta e hicieron un boquete en la pared, ¿y me sales con que fue un "vistazo"? ¡Olivia, los de tu familia son unos descarados!

—¡Descarada tú y toda tu bola de inútiles! Maldita loca, cómo te atreves a insultarme…

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