Nadia se quedó boquiabierta.
—¿Cómo que tuyos? ¿Pero cómo van a terminar tus diseños en la empresa de la competencia?
Nadia sintió que el asunto era grave y que tenían que llegar al fondo de todo.
—Déjame hacer memoria.
Últimamente le habían pasado tantas cosas que Cecilia ni siquiera le había prestado atención a ese detalle.
Después de pensar un rato, por fin se acordó.
—¡Ya sé! ¿Te acuerdas de aquella vez que Miriam me mandó al hotel a entregar unos bocetos? El cliente se portó súper pesado, así que ahí mismo le dibujé otros tres diseños.
—Como el trato se canceló, le aventé la carpeta a Miriam, pero se me olvidó sacar mis bocetos originales de ahí. ¡Estos diseños de bolsas son exactamente los que venían en las tres hojas que perdí!
—¡No manches! ¿De verdad?
—Sí, dile a Miriam que venga y ahorita mismo le sacamos la verdad. Sospecho que justo en ese momento se filtraron los diseños.
Nadia mandó llamar a Miriam de inmediato.
Cuando Miriam entró a la oficina y vio a Cecilia, no pareció sorprenderse en lo absoluto.
Solo le lanzó una mirada indiferente a Cecilia y luego preguntó:
—Directora, ¿me buscaba?
—¿Me puedes explicar esto? —Nadia aventó las fotos de las bolsas sobre el escritorio.
Miriam no perdió la compostura, como si ya supiera de qué se trataba.
—Directora, no la entiendo. ¿Acaso no son los nuevos productos que sacó Páramo Visual?
—Sí, pero los diseños de estas bolsas son una copia exacta de los que hizo Cecilia. Aquella vez, los borradores rechazados terminaron en tus manos. ¿Cómo explicas que ahora los tenga la competencia y hasta los estén vendiendo?
Miriam soltó una sonrisita burlona.
—Tranquila, si es la culpable, tarde o temprano va a meter la pata. Tú olvídate de este asunto. ¿No se acerca ya el próximo lanzamiento de la temporada? Mejor enfócate en eso, yo me encargo de cazar a la traidora —sentenció Cecilia.
Al ver que Cecilia tomaba las riendas de la situación, Nadia se relajó.
Si Cecilia se metía de lleno, seguro atrapaba a la culpable.
Al salir, lo primero que hizo Cecilia fue llamarle a Camilo Peña.
—Necesito que me vigiles a una persona. Se llama Miriam.
—Claro que sí, jefa, yo me encargo. Dalo por hecho —respondió Camilo.
No pasó mucho tiempo antes de que Camilo se reportara con novedades.
—Cecilia, ya tengo información. En estos días, Miriam se ha estado viendo a escondidas con una mujer llamada Anaís Calderón.
—¿Anaís?

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