—¿Y las cámaras de seguridad? ¿Se ve a alguien sospechoso merodeando por aquí?
—Ya las revisamos y nada. ¡Por eso se me hace tan raro! ¡¿Cómo demonios supieron los de la otra empresa sobre nuestros diseños?!
—No te me alteres, ahorita lo checo.
Cecilia sacó su celular, y Nadia no tenía ni idea de qué estaba haciendo.
Solo la veía tecleando rápido en la pantalla, así que se quedó a un lado sin atreverse a interrumpirla.
Unos diez minutos después, Cecilia por fin levantó la vista.
—¡Manda llamar a Miriam!
—¿Miriam? ¿A poco crees que fue ella? Ya la investigué a fondo. Te soy sincera, yo también sospeché de ella al principio, pero tiene coartada para las horas clave, y en las grabaciones no sale que haya entrado a mi oficina.
—Tú nomás mándala llamar, yo sé cómo hacer que suelte la sopa.
Nadia de inmediato pidió que trajeran a Miriam.
Cuando Miriam entró, venía con la misma actitud tranquila y arrogante de la vez pasada.
—Directora, ¿para qué me mandó llamar ahora?
—Miriam, supongo que ya estás enterada de que Páramo Visual nos robó los bocetos de la nueva colección. ¡Mejor confiesa de una vez! ¡¿Fuiste tú, verdad?!
Miriam soltó una risita burlona.
—Ay, directora, la vez pasada dudó de mí y ahora vuelve a echarme la culpa. De verdad que la trae contra mí. ¿Acaso solo confía en esta practicante que apenas acaba de entrar a la empresa?
—¡No te me salgas por la tangente! ¡Te estoy haciendo una pregunta, así que contéstame con la verdad! —le gritó Nadia, furiosa.
La Miriam de antes tal vez se hubiera asustado, pero ahora, con alguien poderoso cubriéndole la espalda, ya no le tenía miedo a nada.
—No tengo ni idea de qué me está hablando. Si su intención es levantarme falsos, mejor ni opino. A menos que tenga pruebas; si no las tiene, ¡esto es pura difamación!
Cecilia se acercó al guardia y lo miró fijamente. El hombre, con la mirada clavada en el piso, se veía bastante nervioso.
—Te llamas Boris, ¿verdad? Ya me sé todo tu historial, y sé perfectamente lo que hiciste. Si confiesas ahorita mismo, te dejo conservar tu trabajo y hasta te asciendo a subcapitán de seguridad. Pero si te haces el valiente y no sueltas la lengua, ¡te vas a ir de patitas a la calle!
Boris volteó instintivamente a ver a Miriam, y ella le clavó una mirada asesina.
—Yo... yo no sé nada —decidió Boris al final.
Cecilia negó con la cabeza, decepcionada.
—Qué lástima. Boris, acabas de tirar a la basura una gran oportunidad. ¡Luego no te quejes de que no te lo advertí!
Dicho esto, Cecilia agarró el control remoto y le dio play.
En la pantalla gigante apareció un video, y la persona que salía en él, era ni más ni menos que Miriam.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia